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Mujeres, memoria y ciencia: la dictadura, sus continuidades y el ajuste al sistema científico
24 de marzo, por Mendoza — Política, Universidad, Mendoza, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, 24 de Marzo, Conicet, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, Universidad, Mendoza, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, 24 de Marzo, Conicet, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
A 50 años del golpe, entrevistamos a Laura López, becaria doctoral de la AGENCIA I+D+i que investiga en un instituto del CONICET-UNCUYO, reconstruye la persecución a científicas durante la dictadura, analiza sus continuidades en el presente y advierte sobre el impacto del ajuste y el desprestigio contra la investigación pública.
Ciencia, persecución y dictadura
—¿Quiénes fueron las científicas perseguidas, desaparecidas o torturadas por la dictadura cívico-militar eclesiástica?
Dentro de la información que pude encontrar, hay cuatro nombres que resuenan mucho dentro del CONICET.
La primera es Liliana Galletti, profesora de Historia en la Universidad Nacional de La Plata. Era docente y becaria de CONICET. Su trabajo se centraba en estudiar y analizar a la clase terrateniente en Argentina entre 1860 y 1880. Militaba en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria Argentino y fue secuestrada en 1977, cuando tenía treinta y un años. Sigue desaparecida.
Después tenemos a Alicia Cardoso. Acá encontramos un caso en donde no hablamos de una investigadora, sino de personal de apoyo, una técnica. Dentro de CONICET tenemos dos ramas: la carrera del investigador científico y la carrera del personal de apoyo, que son los CPA. Ella era estudiante de Geología y trabajaba como técnica asistente en el Instituto de Astronomía y Física del Espacio, perteneciente a la UBA, el IAFE. Ella y su pareja son secuestrados en 1977 y son asesinados ese mismo año.
Alicia Graciela Cardoso
Hay una anécdota que da cuenta del funcionamiento del sistema: a ella la desaparecen junto a su compañero y le mandaron una citación para que se presentara al trabajo. Cuando el padre responde, informa que había sido secuestrada y que estaba desaparecida. Un mes después de su asesinato, el interventor de CONICET la declara cesante por inasistencias injustificadas.
Otro caso relevante es el de María del Carmen Sabino, que era socióloga, docente e investigadora. Ella gana una beca y se va a Venezuela, al Centro de Investigaciones Educativas, financiado por la OEA. Después es becada por el CONICET para volver al país y seguir formándose. Investigaba el centralismo en la educación primaria argentina. Era militante de la Juventud Peronista y Montoneros. Fue secuestrada en 1976, cuando tenía treinta y tres años, y todavía se encuentra desaparecida.
Y de estos casos que resuenan, por último tenemos el de Adriana Calvo, doctora en Física, docente e investigadora después, una de las primeras sobrevivientes que declara en el Juicio a las Juntas. No es tan conocido su rol como científica. Aplicaba el método científico incluso en su testimonio: recolección de datos, análisis y sistematización para aportar en los juicios.
Adriana Calvo
—¿Por qué pensás que fueron objetivo de ese plan sistemático de exterminio?
En particular, tenemos dos casos de científicas en el ámbito de las ciencias sociales, un campo que implica discusión, análisis y cuestionamiento. Si algo no quería la última dictadura cívico-militar eclesiástica era que una persona piense, y mucho menos que esa persona sea una mujer.
En ese sentido, fueron objetivo por múltiples razones. Por un lado, por su condición de mujeres: al régimen le resultaba intolerable que una mujer pensara, analizara y se posicionara frente al mundo por fuera de los roles tradicionales.
Por otro lado, por el tipo de ciencia que desarrollaban. Aunque en algunos casos hay más información sobre su militancia política, la persecución no se explica solo por eso. También tiene que ver con el lugar que ocupaban como productoras de conocimiento.
Hay casos como los de Elsa Beatriz Antón, Alicia Denti de Ginzburg, Silvia Garzoli y Nélida Giambiagi, investigadoras en ciencias naturales y exactas, que fueron dadas de baja del CONICET bajo la figura de “razones de servicio”, sin ninguna justificación.
Esto permite ver que no se trataba solo de las ciencias sociales. Incluso en las ciencias exactas, pensar, analizar e hipotetizar también implica una forma de posicionamiento.
No existe la ciencia neutra: quienes investigamos somos sujetos políticos que trabajamos dentro de un contexto determinado.
En ese marco, lo que se definía era qué ciencia se quería y quiénes podían hacerla. Y en ese esquema, las mujeres también quedaban excluidas.
El hecho de que estas investigadoras hayan podido reingresar y continuar sus carreras ocurrió recién en democracia, lo que confirma que esas decisiones formaban parte de una política sistemática y no de hechos aislados.
Desfinanciar también es censurar
—¿Qué continuidades ves, si las ves, con este plan de refundación del país y de genocidio, del que se cumplen cincuenta años, en relación con la ciencia y la educación?
Si analizamos las partidas presupuestarias entre 1976 y 1983, hubo un gran recorte al presupuesto y un fuerte desfinanciamiento de las universidades públicas.
Al mismo tiempo, se aumentó el presupuesto a organismos como el CONICET, el INTA, el INTI y la CNEA. Eso implicó una reorganización del sistema: las universidades pierden autonomía y se recortan los fondos para investigación, mientras que la producción científica se concentra en institutos. Se dejó de pensar la universidad como espacio autónomo de conocimiento y se pasó a decidir quién hace ciencia y qué ciencia se hace.
La mayoría de estos institutos, más de ciento cincuenta en todo el país, estaban orientados a las ciencias naturales y básicas. Muy pocos tenían que ver con las ciencias sociales.
“No existe la ciencia neutra”
No existe la ciencia neutra. Nosotros investigamos todos los días sobre un tema específico y lo hacemos según la manera en que concebimos la ciencia y para un sector en particular.
En ese sentido, es muy claro qué ciencia se quería y para quiénes. Si analizamos las empresas que se vieron más beneficiadas económicamente durante la última dictadura, encontramos que muchas de ellas estuvieron vinculadas a desarrollos científicos, desde la aplicación de la ciencia básica en la industria farmacéutica —que es un caso muy claro— hasta otros desarrollos específicos orientados a la producción.
Eso no fue casual: fue pensado, programado, diagramado y ejecutado por el Estado.
Ajuste, censura y presente
—Bajándolo ahora al gobierno de Milei, ¿cuál es el impacto en la ciencia desde el gobierno hasta ahora?
Hoy vemos muchas similitudes, pero en algunos aspectos incluso estamos peor.
Hay una caída drástica de becas, más de seis mil proyectos desfinanciados, salarios congelados y una fuga masiva de cerebros. Como país estamos exportando investigadores y docentes altamente formados.
Este daño es muy difícil de revertir. Lo que se destruye hoy en el sistema científico lo vamos a sufrir durante décadas. Hoy tenemos menos presupuesto que en 2001.
Además, hay una censura permanente a los temas de investigación y a su divulgación.
“Desfinanciar también es censurar y controlar qué se investiga.”
Si no te financian y te limitan otras fuentes, están definiendo qué no se puede estudiar. Hubo una campaña de desprestigio muy fuerte, y eso no es menor. Pero además de ese ataque público, también hay una censura concreta sobre qué podemos investigar, qué podemos divulgar y cómo nos vinculamos con la sociedad desde el ámbito científico.
Un ejemplo claro fue lo que pasó en Mendoza, donde se bajó un comunicado elaborado por especialistas en agua, suelos y uso del territorio —gente altamente formada del IADIZA, del Ianigla y de otros institutos— sobre la situación vinculada a la minera San Jorge. Eso no fue casual ni un acto de inocencia.
Hay una lógica más amplia: no se pueden abordar ciertos temas. No se puede hablar de calentamiento global, de estudios de género ni de muchas cuestiones culturales. Hay un recorte muy fuerte, especialmente en el área de las ciencias sociales.
El negacionismo es una marca registrada del gobierno neoliberal que tenemos, y cualquier investigación vinculada a la dictadura es bajada, no financiada o recibe menos recursos de los que le corresponden.
También se instala la idea de que el sector privado debe financiar la ciencia, lo cual desconoce completamente cómo funciona el sistema científico. La investigación básica, que es financiada por el Estado, es la que permite que después existan todos los desarrollos aplicados. Implica estudiar, comprender los mecanismos y los procesos más elementales; sin ese conocimiento, no hay aplicación posible.
El caso del kit de detección de COVID en Argentina es un ejemplo claro. El país pudo desarrollarlo porque ya contaba con investigaciones avanzadas sobre virus, contagio y diagnóstico, basadas en años de trabajo previo sobre cómo funciona y se transmite el SARS-CoV-2.
Si no hubiese existido ese financiamiento estatal sostenido —desde la formación universitaria hasta las investigaciones, los materiales, la infraestructura, las becas y los espacios dentro de la carrera científica— ese desarrollo no habría sido posible.
A la vez, el impacto se ve en la vida cotidiana: investigadores y docentes que tienen que trabajar en aplicaciones de reparto o múltiples empleos para llegar a fin de mes.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Ellas ya no pueden hacerlo
—A 50 años de la última dictadura cívico-militar eclesiástica, ¿por qué reivindicás el trabajo de estas mujeres científicas?
Nosotras, como mujeres, no pudimos romper el techo de cristal en la ciencia. Si miramos las estadísticas, hay más mujeres hoy que décadas atrás, pero seguimos concentradas en los escalones más bajos: becarias doctorales, posdoctorales o en los inicios de la carrera como investigadoras asistentes. Son muy pocas las que acceden a cargos de dirección en institutos o a posiciones de decisión en las universidades.
Eso nos deja en un lugar donde hay que sostener constantemente el trabajo, consensuar, seguir poniendo el cuerpo y la cabeza, además de todas las tareas que existen por fuera de la investigación. Ahí aparece también una doble exigencia vinculada a la maternidad: la posibilidad de que una licencia implique un freno en la carrera, la pérdida de espacios o incluso la apropiación del propio trabajo, además de tener que dejar de participar en cursos o congresos.
Por eso es completamente necesario seguir reivindicando a estas mujeres, reconocerlas y saber que su trabajo existió, aunque haya sido silenciado. Existe y tiene que seguir estando.
Hay una convicción que no se pierde: no existe la ciencia neutra. No se puede pensar el propio trabajo sin preguntarse a quién le sirve. Desde quienes investigan en neurociencia o enfermedades, hasta quienes trabajan en ambiente, economía, cultura o educación, todas las áreas están atravesadas por ese posicionamiento.
Por eso tenemos que seguir sosteniendo ese trabajo, seguir poniendo el cuerpo y la cabeza, seguir estando y resistiendo, porque ellas ya no pueden hacerlo. Y esta es, también, nuestra oportunidad de que eso siga existiendo.
“Tenemos que seguir poniendo el cuerpo y la cabeza porque ellas ya no pueden hacerlo.”
Una ciencia para el pueblo
—¿Qué tipo de ciencia deseás?
Una ciencia completamente politizada, en el sentido de comprometida. Una ciencia que sea por y para el pueblo, soberana, accesible, que pueda llegar a todas las personas.
Tenemos un nivel de talento y de formación en el país que es enorme. La calidad de nuestro sistema universitario es muy alta, incluso en comparación con otros países, y eso se sostiene con muy pocos recursos.
La ciencia que quiero es una ciencia que discuta, que se plante, que no quede restringida a sectores específicos, sino que pueda ser apropiada por toda la sociedad, desde un trabajador hasta alguien que cree que no forma parte del sistema científico, pero en realidad sí lo es.
También es una construcción de soberanía. Hay capacidad desde lo humano, desde el trabajo, desde las ideas y desde la convicción para hacerlo posible.
Pero para eso tienen que existir cambios de raíz. No solo en términos económicos, sino también en la forma en que se organiza el sistema científico: en cómo se discute, cómo se comunica, cómo se produce conocimiento y cómo se distribuye el poder. Hoy sigue siendo una estructura muy jerárquica, donde muchas veces una persona becaria siente que no tiene voz ni posibilidad de opinar.
Sin embargo, gran parte de la producción científica se sostiene con el trabajo de quienes están becados. Por eso es fundamental reconocernos como trabajadores de la ciencia y reorganizar el sistema en función de eso.
Estos cambios son posibles, pero requieren una revisión profunda. También implican una responsabilidad histórica: por quienes no pudieron hacerlo antes y por quienes fueron silenciadas. Es momento de plantarse y exigir una ciencia de calidad, soberana, como parte de la identidad del país. Una ciencia que no sea solo un trabajo para subsistir, sino también una forma de resistencia.
“Una ciencia que sea por y para el pueblo, soberana y accesible.”
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Alerta fútbol: el espionaje de la dictadura durante el Mundial ‘78
24 de marzo, por Archivos — Política, Libertades Democráticas, Fútbol, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, FIFA, Policía Bonaerense, Mundial 1978, Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Terrorismo de Estado, Jorge Rafael Videla, Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincai de Buenos Aires (Dippba), Dictadura, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
Miedo a la “propaganda subversiva”, censura a periodistas extranjeros, especial atención a los países de Europa del Este y los sabotajes a las transmisiones que el gobierno no pudo impedir. Los intensos trabajos que la Dirección de Inteligencia de la Policía Bonaerense le dedicó al Mundial permiten comprender el particular interés que los servicios de espionaje del genocidio pusieron en una de las más masivas expresiones populares.
Uno de los asuntos que más desveló a la Junta Militar fue la confirmación de la realización en Argentina del Mundial de 1978. Fuera del país, distintos grupos de exiliados argentinos se habían movilizando ante varios organismos internacionales para denunciar las violaciones a los derechos humanos que se cometían en el próximo anfitrión de la máxima cita futbolística. Y los rumores de un cambio de sede comenzaron a proliferar.
Los jerarcas del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional manifestaron un temor palpable por la amenaza de la organización de un torneo sobre el cuál deseaban proyectar una pretendida imagen de pulcritud nacional a todo el planeta.
Si bien la FIFA reconfirmó a fines de 1977 a la Argentina como país organizador y acabó con esas dudas, la decisión no bastó para poner fin a las preocupaciones que rondaban en los altos comandos de las Fuerzas Armadas. Otra profunda inquietud los iba a acechar incluso hasta la propia realización de la Copa del Mundo: la posible intervención de grupos armados. De “factores subversivos”, como ellos definían.
La paranoia encontraba un antecedente alarmante en los Juegos Olímpicos de Munich ‘72, donde el grupo palestino Septiembre Negro se había infiltrado en la concentración de la delegación de Israel y asesinó a once atletas de aquel país. Nadie quería pensar en un papelón semejante. Fue por eso que los servicios de espionaje de la dictadura no escatimaron esfuerzos en observar todo cuanto pudiera resultar “sospechoso”.
Infiltración mundial
De esto dan cuenta los innumerables legajos que acumuló la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (Dippba) sobre el Mundial ‘78, donde se observa claramente la inquietud de los servicios por los movimientos que distintas organizaciones realizaban en torno al campeonato que se desarrolló en Argentina durante el mes de junio.
Las tareas comenzaron en 1977. Eso se desprende de uno de los primeros informes, fechado el 26 de octubre de aquel año. Allí, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) se dirige a la Dippba (la Bonaerense funcionaba bajo las órdenes de la Junta Militar) para expresarle que “importantes miembros de Montoneros mantuvieron entrevistas en Suecia con dirigentes de organismos internacionales afectados a la defensa de los Derechos Humanos con la finalidad de instrumentar una campaña de acción psicológica en tal sentido, a motorizarse en oportunidad de las tareas de organización del Campeonato Mundial de Fútbol”.
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El parte (de carácter “estrictamente secreto y confidencial”) describía los aparentes objetivos de Montoneros: “incidir e influenciar a representantes de gobiernos extranjeros un tanto afines a la ideología que profesan los grupos de delincuentes subversivos argentinos para disponer la no participación en el torneo”, la intención de generar durante los meses previos al Mundial
“acciones que alteren el orden público y capitalizar psicológicamente eventuales acciones represivas”, “ejercitar eventualmente algún secuestro y/o atentado físico directo contra algún miembro diplomático extranjero acreditado en el país” y “difundir en distintos estadios de fútbol del exterior líbelos incitando a los espectadores a no viajar a Argentina, esgrimiendo causales orientadas a crear una falsa imagen de la situación política-social-económica y la falta de garantías individuales”.Un mes más tarde, un informe da cuenta de pintadas en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, por entonces en construcción. Las mismas tenían la leyenda “Señores compañeros, basta de explotación. Reclame E.R.P.”, acompañadas por estrellas de cinco puntas, el reconocible logo del Ejército Revolucionario del Pueblo. “Es la primera manifestación de corte extremista que aparece en el lugar”, alertaba el oficial de inteligencia que redactó dicho documento.
Con el correr de los meses, las tareas de espionaje fueron generando materiales adicionales. Algunos de ellos, de carácter insólito, como el que alertaba en letra mayúscula y clave de telegrama que “sería inminente ingreso procedente de Chile, y particularmente destino ciudad Mendoza, grupos delincuente subversivos que serían cubanos, japoneses y árabes, quienes en su mayoría vendrían munidos pasaportes otorgados en Chile, con la finalidad de desarrollar actividades para sabotear Mundial 78, desconociéndose modus operandi”.
En ese mismo sentido, otro parte aseguraba que “durante el desarrollo del Mundial se incrementaría el ingreso de estupefacientes al país”. La operación se realizaría “vía Bolivia y sería trasladada a Mar del Plata, para luego ser distribuida al resto del país”. Entre las causas se encontraba la afluencia de turistas, “el número elevado de artistas de nivel internacional generalmente consumidores” y la posible presencia de “grupos de traficantes internacionales” presentes en el país. Naturalmente, detrás de esto se pretendía ubicar a “elementos subversivos (que utilizarían la droga) como factor disociador”.
Una nueva línea de investigación se abrió a fines de 1977 con un memo de la SIDE titulado “Posible plan de sabotaje al Mundial 78”. El mismo daba cuenta de que “se estaría gestando la preparación de un plan de acción saboteador con el propósito de hacer fracasar la realización y transmisión del
Mundial”. Entre sus instigadores se señalaban a cuatro organizaciones: Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo, el Partido Socialista de los Trabajadores y la Resistencia Peronista de Izquierda.Según los informantes de inteligencia, los objetivos tenderían a “dar una imagen de que la subversión tiene el poder en la Argentina”, a la vez que “se trataría de exponer por la televisión, en cadena con todas las latitudes, de que en la Argentina se vive una sangrienta y aberrante transgresión de los Derechos Humanos (con el fin de) causar un fuerte impacto psicológico ante millones de evidentes”.
Por ese entonces, desde el exilio, Montoneros organizó una serie de contactos y conferencias de prensa con distintos medios del planeta para manifestar su plan de acción en la próxima Copa del Mundo. La iniciativa tenía el primordial objetivo de desprenderse de cualquier tipo de acción terrorista que pudieran endilgarles, a la vez de reafirmar que el único interés de la organización era el de efectuar distintas tareas de propaganda durante el certamen. Las más difundidas fueron las que realizó desde Roma el Secretario de Relaciones Exteriores de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja, y también la que promovieron en México Miguel Bonasso, Silvia Berman y Ernesto Jauretche. En ambas oportunidades se insistió con la idea de usar la promoción del Mundial para “mostrar la verdadera Argentina”, en la que había “persecuciones, presos políticos, torturas y desaparición forzada de
personas”.Un extenso informe de inteligencia pretende anticiparse a estas acciones preanunciadas a partir de la captura de tres personas vinculadas a Montoneros en Uruguay, lo cual refleja también el despliegue del Plan Cóndor también en beneficio de los trabajos de espionaje vinculados al Mundial ‘78. En base al “interrogatorio al cual fueron sometidos” estos sujetos, el parte desarrolla minuciosamente lo que denominan “el accionar de Montoneros con relación al Mundial”. Allí se habla de “la utilización de todo argumento que conduzca a crear una estructura desfavorable hacia nuestro país”, a través de la distribución de “boletines y folletos con descripciones generales del país, con su realidad actual de luchas populares, resistencia armada y terrorismo de Estado”.
En el mismo documento se menciona la “utilización mediante piquetes de concentraciones de multitudes” y hace particular hincapié en una de las obsesiones que rondarán a los servicios de inteligencia en lo sucesivo: la concreción de “interrupciones sonoras durante la televisación de los partidos”. Se describe allí una red de sistemas cuya base se ubicaba en Balcarce, con nudos retransmisores en Pachecho y Don Bosco, más el apoyo adicional de “un buque situado a conveniente distancia de la Costa Argentina”. Asimismo, se habla de una segunda etapa técnica que se desplegaría sobre Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza, futuras sedes mundialistas.
En efecto, Montoneros había grabado un audio de aproximadamente diez minutos en el que detallaban todas las denuncias que había desparramado durante 1977 en distintos medios del mundo y en organismos de derechos humanos. El mismo comenzaba con un fragmento de la Marcha Peronista y fue introducido de manera clandestina en las transmisiones de distintos partidos del Mundial. El día del encuentro inaugural (un frío empate a cero entre Alemania y Polonia, en River) se escuchó por la zona de La Plata, mientras que cinco días después, cuando Argentina jugó contra Francia también en River, sucedió algo similar en Mar del Plata.
Estos episodios fueron ignorados por la prensa local, pero no así por la internacional. El diario El País del Estado español le dedicó un artículo al asunto, afirmando que “una de las interferencias se produjo al término del primer tiempo en el choque entre Argentina y Polonia, donde se pudo escuchar parcialmente el mensaje guerrillero sobre las imágenes de los anuncios publicitarios”.
Éste último detalle también sintetiza la tensión que se vivía con la presencia de medios extranjeros a los cuales el gobierno militar no podía someter. La situación fue prevista, ya que entre los distintos protocolos dispuestos por el Ente Autárquico Mundial 78 (a cargo de la organización), se encontraba aquel destinado a la recepción de los medios de prensa internacionales. Bajo la fachada de facilitar la tarea del periodismo extranjero subyacía una misión sensible: controlar y evitar la difusión de contenidos inconvenientes con los objetivos de la Junta Militar.
Un informe de inteligencia destacaba esta inquietud, asegurando que los periodistas extranjeros cumplirían dos finalidades: como “reporteros en sí” y como “atentos observadores de la situación interna que vive el país en relación a los Derechos Humanos”. Se puntualizaba la atención en
periodistas franceses y austríacos, quienes “vienen con la consigna primaria de seguir atentamente todas las actividades de cuanto personal uniformado se encuentre en la calle”.En la observación se asegura que “por cada nota, por insignificante que sea, en las que se hagan referencias a un abuso de autoridad, a cada periodista se le reportaría la suma del orden de los 3000 a 5000 dólares”. Asimismo, el legajo de inteligencia dedicado a la prensa internacional en el Mundial ‘78 incluye un recorte periodístico del periódico español El Socialista, publicado el 18 de diciembre de 1977, cuyo texto denuncia que “la Junta Militar contrató los servicios de una empresa multinacional de relaciones públicas y publicidad que elabora un programa de acción en que prevalecen dos objetivos: lavar la cara a la imagen internacional del régimen e influencias a la prensa extranjera por cualquier precio”.
El artículo instaba a la selección española a no presentarse al Mundial de Argentina, país en el que se “almacenan en condiciones infrahumanas a miles de presos políticos y en donde se realizan ejecuciones que la policía cataloga eufemísticamente como desapariciones”. Lo cierto es que las “infiltraciones” de mensajes de Montoneros en las transmisiones oficiales de Argentina ‘78, que tanto interesaban a la prensa extranjera, eran realizadas con equipos montados en automóviles, desde los cuales se efectuaban fugaces pinchaduras antes de darse a la fuga.
A pesar de los trabajos de espionaje realizados por la SIDE y la Dippba, estas infiltraciones no pudieron ser contrarrestadas. Incluso varios informes describen con impotencia la dificultad de rastrear a los vehículos por la presencia de numerosas personas que se lanzaban a las calles para celebrar las sucesivas victorias del seleccionado argentino de fútbol.
Los denodados pero estériles esfuerzos de los servicios de inteligencia por anticipar estas acciones dejan como dato accesorio una curiosidad. La misma tiene que ver con la sorpresiva incapacidad de los espías policiales para advertir otra maniobra de igual o mayor envergadura: los alrededor de 18 disparos de bazuca que Montoneros efectuaron sobre distintos objetivos durante el Mundial, entre ellos la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), símbolo de la represión y la tortura durante la última dictadura.
Emilio Massera, Jorge Rafael Videla y Orlando Agosti junto a la Copa del Mundo
Política / Libertades Democráticas / Fútbol / Genocidio / Dictadura cívico-militar-eclesiástica / FIFA / Policía Bonaerense / Mundial 1978 / Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) / Terrorismo de Estado / Jorge Rafael Videla / Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincai de Buenos Aires (Dippba) / Dictadura / A 50 años del Golpe / 50 años del golpe de Estado de 1976 -
Bregman entrevista al Sueco: “La ESMA era la antesala de la muerte, si sobrevivimos fue para denunciarlo”
24 de marzo, por A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Principal Grande Nuevo, Dictadura, Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Principal Grande Nuevo, Dictadura
Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobrevivió al genocidio y protagoniza incansablemente de la lucha contra la impunidad. Reflexiones junto a Myriam Bregman sobre el pasado, el presente y el futuro. El cautiverio junto a Víctor Basterra y Cachito Fukman. La isla del Tigre que la Iglesia le prestó a la Armada para esconder secuestrados. Adriana Calvo y la militancia en la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. Y un mensaje de lucha: “Me gustaría que los jóvenes se reflejen en ese espejo de la generación del 70”.
En una extensa y rica conversación, la abogada de larga trayectoria en juicios por crímenes de lesa humanidad Myriam Bregman le pregunta a Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobre cómo fue la resistencia de las y los detenidos desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, uno de los mayores centros clandestinos de detención de la dictadura cívico-militar-eclesiástica.
La actual diputada nacional del PTS-FITU también le pregunta sobre las complicidades civiles con los genocidas, empezando por el empresariado y la cúpula de la Iglesia Católica. En 1979 ésta última le cedió durante meses a los jerarcas de la Armada una quinta ubicada en el Tigre llamada El Silencio. Allí fueron trasladados muchos secuestrados para esconderlos, ya que debían “vaciar” la ESMA ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El Sueco transitó ese infierno y años después, junto a otros sobrevivientes, lograron localizar la isla y denunciar lo sucedido. Aportaron información clave que demuestra la participación de la Curia en el genocidio. La histórica negativa de la Conferencia Episcopal Argentina de abrir sus archivos, de lo cuál uno de sus máximos responsables fue Jorge Bergoglio, quedó allí al desnudo.
Lordkipanidse sufrió personalmente una de las peores torturas. Junto a él fue secuestrada su pareja y su hijo de apenas 20 días de edad. El pequeño también fue torturado, delante de él.
Con Bregman se conocieron en 2006, como parte de la querella en el caso del prefecto Héctor Febrés. El genocida de la ESMA sabía mucho y estaba a punto de dar sus palabras finales en el juicio. Pero en diciembre de 2007 apareció “suicidado” con cianuro en su celda. Sus exsocios de la Armada lo tenían amenazado y temían que pusiera en riesgo a otros represores y a apropiadores de niños nacidos en la cautiverio.
El Sueco fue testigo en juicios de lesa humanidad aportando un relato clave sobre la colaboración de civiles con el aparato militar. Desde periodistas que ingresaban a la ESMA sin problemas hasta médicos que se integraban a las sesiones de tortura para chequear la capacidad de resistencia de las personas secuestradas, pasando por agentes inmobiliarios que opraban el saqueo de los bienes de las víctimas.
En la ESMA llegó a ver a Juan Aleman, economista y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. También recuerda al genocida Juan Azic, quien se llevó varios bebés de la ESMA, entre ellos a Victoria Donda en 1977 y a Laura Ruiz Dameri en 1980.
Ante tanta impunidad, el Sueco afirma que la apertura de los archivos de la dictadura, que todos los gobiernos se negaron a hacer, hubiera facilitado la búsqueda de la verdad. Él fue testigo de que en la ESMA se microfilmó todo lo que pasaba. Por eso asegura, frente a quienes lo niegan, que se puede saber qué pasó, cómo pasó, quiénes fueron los ejecutores y quiénes las víctimas.
Recuerda especialmente a sus compañeros Víctor Basterra y Enrique “Cachito” Fukman, con quienes compartió cautiverio y se hicieron grandes aliados de resistencia dentro de la ESMA. Y a Adriana Calvo, quien lo conoció en 1987 y lo convocó a integrarse a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
Finalmente el Sueco reivindica la independencia de los organismos de derechos humanos respecto a todos los gobiernos. “No había que prenderse con ninguno, por más grande que fuera el caramelo que te convidaban. Lamentablemente muchos se prendieron y eso produjo un retraso, que todavía seguimos pagando con esta contraofensiva negacionista que estamos viviendo. Esta contraofensiva es producto del ablandamiento de una lucha que en su momento fue implacable”, sentencia.
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Bregman con el Sueco, sobreviviente de la Esma: “Que los jóvenes se reflejen en el espejo de nuestra generación”
24 de marzo, por Entrevista. A 50 años del Golpe — Política, Libertades Democráticas, Edición Estado Español, Genocidio, Encuentro Memoria Verdad y Justicia (EMVJ), Iglesia Católica, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, Armada, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Jorge Bergoglio, Edición Uruguay, Edición Bolivia, Dictadura, Bloque multimedia 2
Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobrevivió al genocidio y protagoniza incansablemente de la lucha contra la impunidad. Reflexiones junto a Myriam Bregman sobre el pasado, el presente y el futuro. El cautiverio junto a Víctor Basterra y Cachito Fukman. La isla del Tigre que la Iglesia le prestó a la Armada para esconder secuestrados. Adriana Calvo y la militancia en la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. Y un mensaje de lucha: “Me gustaría que los jóvenes se reflejen en ese espejo de la generación del 70”.
En una extensa y rica conversación, la abogada de larga trayectoria en juicios por crímenes de lesa humanidad Myriam Bregman le pregunta a Carlos “Sueco” Lordkipanidse sobre cómo fue la resistencia de las y los detenidos desaparecidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, la ESMA, uno de los mayores centros clandestinos de detención de la dictadura cívico-militar-eclesiástica.
La actual diputada nacional del PTS-FITU también le pregunta sobre las complicidades civiles con los genocidas, empezando por el empresariado y la cúpula de la Iglesia Católica. En 1979 ésta última le cedió durante meses a los jerarcas de la Armada una quinta ubicada en el Tigre llamada El Silencio. Allí fueron trasladados muchos secuestrados para esconderlos, ya que debían “vaciar” la ESMA ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
El Sueco transitó ese infierno y años después, junto a otros sobrevivientes, lograron localizar la isla y denunciar lo sucedido. Aportaron información clave que demuestra la participación de la Curia en el genocidio. La histórica negativa de la Conferencia Episcopal Argentina de abrir sus archivos quedó allí al desnudo.
Lordkipanidse sufrió personalmente una de las peores torturas. Junto a él fue secuestrada su pareja y su hijo de apenas 20 días de edad. El pequeño también fue torturado, delante de él.
Con Bregman se conocieron en 2006, como parte de la querella en el caso del prefecto Héctor Febrés. El genocida de la ESMA sabía mucho y estaba a punto de dar sus palabras finales en el juicio. Pero en diciembre de 2007 apareció “suicidado” con cianuro en su celda. Sus exsocios de la Armada lo tenían amenazado y temían que pusiera en riesgo a otros represores y a apropiadores de niños nacidos en la cautiverio.
El Sueco fue testigo en juicios de lesa humanidad aportando un relato clave sobre la colaboración de civiles con el aparato militar. Desde periodistas que ingresaban a la ESMA sin problemas hasta médicos que se integraban a las sesiones de tortura para chequear la capacidad de resistencia de las personas secuestradas, pasando por agentes inmobiliarios que opraban el saqueo de los bienes de las víctimas.
En la ESMA llegó a ver a Juan Aleman, economista y mano derecha de José Alfredo Martínez de Hoz. También recuerda al genocida Juan Azic, quien se llevó varios bebés de la ESMA, entre ellos a Victoria Donda en 1977 y a Laura Ruiz Dameri en 1980.
Ante tanta impunidad, el Sueco afirma que la apertura de los archivos de la dictadura, que todos los gobiernos se negaron a hacer, hubiera facilitado la búsqueda de la verdad. Él fue testigo de que en la ESMA se microfilmó todo lo que pasaba. Por eso asegura, frente a quienes lo niegan, que se puede saber qué pasó, cómo pasó, quiénes fueron los ejecutores y quiénes las víctimas.
Recuerda especialmente a sus compañeros Víctor Basterra y Enrique “Cachito” Fukman, con quienes compartió cautiverio y se hicieron grandes aliados de resistencia dentro de la ESMA. Y a Adriana Calvo, quien lo conoció en 1987 y lo convocó a integrarse a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
Finalmente el Sueco reivindica la independencia de los organismos de derechos humanos respecto a todos los gobiernos. “No había que prenderse con ninguno, por más grande que fuera el caramelo que te convidaban. Lamentablemente muchos se prendieron y eso produjo un retraso, que todavía seguimos pagando con esta contraofensiva negacionista que estamos viviendo. Esta contraofensiva es producto del ablandamiento de una lucha que en su momento fue implacable”, sentencia.
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Fotogalería de los 50 años del golpe genocida en La Plata
24 de marzo, por Cobertura especial — Política, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Golpe de Estado, Derechos Humanos, A 50 años del Golpe, ddhh, 50 años del golpe de Estado de 1976, Política, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Golpe de Estado, Derechos Humanos, A 50 años del Golpe, ddhh, 50 años del golpe de Estado de 1976
Imágenes de una jornada masiva e histórica en La Plata a 50 años del golpe genocida.























