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Milton Tolomeo: “Hay un Guantánamo en Ezeiza, soy un preso político de esta dudosa democracia”
10 de abril, por Desde la cárcel — Política, Zona Sur del Gran Buenos Aires, Libertades Democráticas, Lanús, Reforma laboral, Torturas, Violencia institucional, Servicio Penitenciario Federal (SPF), Columnistas Vertical , Policía Federal, Congreso de la Nación , Ezeiza, Marcos Paz, Represión, Alejandra Monteoliva , Milton Tolomeo, Política, Zona Sur del Gran Buenos Aires, Libertades Democráticas, Lanús, Reforma laboral, Torturas, Violencia institucional, Servicio Penitenciario Federal (SPF), Columnistas Vertical , Policía Federal, Congreso de la Nación , Ezeiza, Marcos Paz, Represión, Alejandra Monteoliva , Milton Tolomeo
Desde el 14 de febrero está preso bajo custodia del Servicio Penitenciario Federal. La ministra Monteoliva lo acusa de “terrorista”, no así el Poder Judicial. En un texto escrito en su celda de Marcos Paz (donde lo trasladaron tras estar en el “Sigplar” de Ezeiza) denuncia cómo vivió haber pasado por ese sistema. Pero también reivindica haberse manifestado en el Congreso contra la Reforma Laboral. Leé acá su carta completa.
Milton Tolomeo es un masajista deportivo y socorrista profesional que vive en la Zona Sur del Gran Buenos Aires. Además trabaja como ayudante de una portería en CABA. Tiene 39 años y en la medianoche del sábado 14 de febrero, en las instalaciones de un club de Avellaneda donde estaba trabajando, fue detenido por un ejército de uniformados al mando del Ministerio de “Seguridad Nacional”.
Tolomeo está acusado de haber usado una bomba molotov para resistir la represión del miércoles 11 de febrero, desatada frente al Congreso contra la movilización en repudio a la esclavista y antiobrera Reforma Laboral. Acorde al relato criminalizador de la protesta, la campaña de La Libertad Avanza coloca al manifestante en la categoría de “terrorista”. Eso derivó, en su caso, ser víctima de un trato a todas luces violatorio de los derechos humanos elementales.
El Estado nacional lo encerró en las cárceles de máxima seguridad de Ezeiza, primero, y de Marcos Paz después. Pese a las irregularidades en su identificación como protagonista de los hechos, se lo mantiene con prisión preventiva. Formalmente es inocente hasta que se demuestre lo contrario.
Se lo acusa de los supuestos delitos de “tenencia de material incendiario”, “intimidación pública” y “atentado a la autoridad”. A pesar de los esfuerzos del Gobierno, su represora ministra Alejandra Monteoliva y el fiscal del caso, el juez a cargo de la causa rechazó que Milton sea imputado por “terrorismo”. De todos modos, los cargos que se le endilgan podrían derivar en una condena por varios años. Mientras, las huestes “libertarias” usan su caso como ejemplo de sus objetivos.
Tolomeo lleva 55 días preso. A las ya conocidas condiciones infrahumanas que afectan a toda la población de las cárceles argentinas, sean federales o provinciales, en su caso se suma un gran secretismo oficial sobre su situación judicial. Así lo denuncian sus abogades María del Carmen Verdú y Rodolfo Zárate de la Correpi y su compañera Eva del Rosario. También la Asamblea Autoconvocada de Lanús que exige su liberación y el cierre de la causa.
Milton escribió una extensa carta abierta desde su celda del Complejo Federal II de Marcos Paz, donde está desde el 19 de marzo. A través de ese texto comunica a la sociedad su situación, cómo lo detuvieron y cuál fue el proceso personal que lo llevó aquel miércoles 11 de febrero a manifestarse frente al Congreso y resistir la represión de un gobierno que, mientras acusa de “terroristas” a quienes resisten el ajuste, reivindica el terrorismo de Estado de los año 70 y el genocidio que perpetra el Estado de Israel al mando del terrorista Benjamin Netanyahu.
Quien quiera oír que oiga
En su carta, publicada en el sitio de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional y que podés leer completa más abajo, Tolomeo detalla lo vivido en este mes y medio. Pero lo contextualiza contando que desde diciembre de 2023, con la asunción de Javier Milei a la Presidencia, empeoró su vida y la de muchas personas. “Dejé de comer saludable para pasar a comer lo que llegaba a comprar o saltear comidas por no tener dinero”, dice. Por si fuera poco, en julio de 2024 lo echaron de la fábrica Ferrum junto a otros 400 trabajadores.
“No podía aceptar eso como algo normal, no es una palabra ni una acción que yo comparta, porque considero que si uno no actúa, no pelea y no se manifiesta disconforme, se entrega a la resignación, sentimiento que no me representa”, relata ligando el presente a su “experiencia como hijo del 2001”, volviendo a escuchar apellidos tan nocivos como Bullrich, Caputo y Sturzenegger.
Así, su “deber ideológico” le indicaba que “tenía que estar ahí” y acompañar la lucha por sus “guía de camino: los jubilados y jubiladas de los miércoles”. Al mismo tiempo, denuncia a quienes “persiguen y atacan a cada persona y a cada conjunto que decide no doblegarse a sus obscenas órdenes”.
Su detención se produjo la medianoche del sábado 14 de febrero en el Club Biblioteca Popular Nicolás Avellaneda, cuando “irrumpieron alrededor de 70 efectivos, algunos de ellos con chalecos azules; otros, de civil y sin identificación”. Lo rodearon, violentaron, le impidieron hablar mientras lo insultaban y hasta amenazaron con romper las instalaciones. Se lo llevaron a una dependencia de la Policía Federal de Villa Lugano. Siempre a los golpes.
Días después lo trasladaron al penal de Ezeiza y lo alojaron bajo el Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo. “Vas al Sigplar , con los narcos de Rosario”, le anticiparon. Terminó en una celda diminuta, sin sus libros, su cuaderno, su lapicera y su ropa, “como si fuera una de las personas más peligrosas del país”. Los guardias se cubrían con pasamontañas que, por si fuera poco, tienen bordada una bandera de Estados Unidos. Vale recordar que el Servicio Penitenciario Federal también depende del ministerio que conduce Monteoliva.
En la carta desde la cárcel Tolomeo recuerda que durante días estuvo incomunicado y que luego se enteró que ni su familia ni sus abogados estuvieron informados debidamente de su traslado a Ezeiza. “No lo sabía ni el juez de la causa, lo cual a mi entender es muy grave. Si el juez no designa que yo ingrese al Sigplar , ¿quién lo ordena?”. La respuesta la tienen, lógicamente, Monteoliva y sus secuaces.
Detalla los malos tratos de parte de los guardias y funcionarios. Por ejemplo, que luego de cada visita que recibía lo revisaban desnudo y hasta adentro de la boca. “Así de humillante era después de cada vez que te ‘veías' con alguien de afuera: un Guantánamo en Ezeiza”, lo define. Pasaba encerrado más veinte horas diarias y siempre filmado (hasta en las duchas).
Para Milton, haber ingresado en el Sigplar “implicó una tortura psicológica (...) privado de todo derecho constitucional y legal (... ) Nos negaban toda posibilidad de dignidad”. Y afirma que en el penal de Marcos Paz hay un Sigplar aún peor, del que zafó gracias a que logró que lo alojaran en una celda común.
Por todo eso, Tolomeo responsabiliza al Gobierno en su conjunto, al Servicio Penitenciario Federal y a la ministra Monteoliva por si algo le sucede a su integridad. “Soy una persona que tiene muchos deseos de vivir y que sueña con una vida allá afuera. No me voy a callar. No voy a dejar de actuar como ciudadano político (...) Soy un preso político en épocas de dudosa democracia”, concluye su texto.
Testimonio del encierro (escrito de Milton Tolomeo)
“Me presento. Mi nombre es Milton Iván Tolomeo. Tengo 39 años. Soy una persona que no soporta las injusticias y que siempre creyó que es posible cambiarlas, que siempre hay que involucrarse cuando éstas suceden y no resignarse ni mirar para otro lado.
Me desempeño como operario de maestranza de medio turno, y como masajista deportivo en mi gabinete privado del barrio de Parque Chacabuco. Me involucré en el tema del cuerpo humano porque entendí el cuidado del ser en todo sus ámbitos; y a su vez entiendo la importancia y la fragilidad del cuerpo humano, eso me lo brindaron los cursos y capacitaciones como las que hice de socorrista en distintos lugares, pero, como siempre, busco ir un poco más allá, entiendo que en el humano no importa sólo el cuerpo, sino que también son igualmente importantes los ambientes socioculturales que éste habita, ya que impactan directamente en el mantenimiento de su salud.
A mi entender, la coyuntura actual social, política y económica conlleva un enorme agravante para los diferentes cuidados de la salud en todo su concepto, dado que afecta principalmente los estados psicoemocionales de las personas. Como a mí me sucedía, de tal manera no podía quedarme de brazos cruzados sin intentar hacer nada al respecto.
Desde diciembre de 2023 mi vida fue empeorando. No sólo la mía, claro, sino la de muchas personas que habitan el suelo de mi país, pero la más desequilibrante, dañina y opresiva fue la situación económica que me llevó a fragilidades tales como por ejemplo hacer cuentas para viajar: tener que calcular si tomarme dos colectivos, subte casi imposible, o caminar varias cuadras, por no poder pagar un boleto.
También cambié mis hábitos alimenticios: dejé de comer saludable para pasar a comer lo que llegaba a comprar o saltear comidas por no tener dinero para cubrir las cuatro comidas diarias. Ni hablar de sostener un alquiler, cuando las subas no acompañan los salarios. Todo esto empeoró cuando en julio de 2024 me echaron de la fábrica en la cual trabajaba, ‘FERRUM', sin causa. Se redujo la producción y, al no haber consumo interno, se achicaron horarios y, por sobre todo, se despidieron operarios. Yo fui uno de esos despedidos por el recorte (uno de los más de 400 hasta el momento en el que yo estaba, en la planta de Avellaneda). Fui uno más de esos desempleados que venía en crecida en toda la industria nacional. Experimenté en carne propia lo que venía escuchando en algunos medios de comunicación. Una familia más sin el sustento que otorga el trabajo.
No podía aceptar eso como algo normal, no es una palabra ni una acción que yo comparta, porque considero que si uno no actúa, no pelea y no se manifiesta disconforme, se entrega a la resignación, sentimiento que no me representa. Había que estar en la calle manifestando mi descontento más fuerte que aquel 20 de diciembre del 2023, cuando se anunció la Ley Bases, que fue diseñada sólo para oprimir, controlar y dominar al ciudadano y a la ciudadana de a pie.
Entendía que era una historia que continuaba por mi experiencia como hijo del 2001, y mis más certeros miedos cuando volvía a escuchar varios nombres y apellidos que formaron parte de esa historia: planes de ahogo económico por el mismo apellido que nos llevó a deudas con el FMI fuera de serie, ajustes por otro apellido cuyo plan anterior fue llevarnos al agobio, todo sostenido por un sistema casi militarizado en las calles a cargo de las fuerzas de seguridad, también por orden de un apellido de la trágica historia de diciembre del 2001 (los nombres y apellidos los saben, no hace falta decirlos, pero si anda algún desmemoriado o distraído, son Caputto, Sturzeneger y Bullrich).
De más está decir que salir y permanecer en la calle no alcanzó para frenar el plan maquiavélico de estos personajes y su gobierno. De hecho, fueron mucho más violentos en todo su accionar y sometieron a toda la clase trabajadora, provocaron y causaron miedo y agobio en todo trabajador y trabajadora. Sistematizaron el temor obscenamente generando miedos reales como a que te echen de tu trabajo, que no consigas trabajo (por la alta tasa de desempleo). Que no puedas comer, y en el peor de los casos, que te metan preso (como lo hacen ahora conmigo).
Persiguen y atacan a cada persona y a cada conjunto que decide no doblegarse a sus obscenas órdenes, y podría estar nombrando eternas luchas que atacan como lo son los trabajadores del Garrahan, Los Jubilados que miércoles tras miércoles la única respuesta que reciben es represión por parte del Estado. Esto último lo he visto muchos miércoles; no me lo contó nadie; lo vivía en carne propia: las abuelas tiradas en el piso con sangre, porque un miembro de la fuerza la empujaba con su escudo, de un jubilado con el brazo roto porque otro miembro de la fuerza lo había golpeado, de los fotorreporteros gaseados, atropellados y hasta golpeados con granadas de gas en la cabeza.
Es muy triste que como sociedad esto no nos sorprenda y sea una imagen común de todas las semanas. Como también lo es ir los miércoles sabiendo que te van a gasear, pegar, empujar, y demás abusos violentos por cualquiera de las tres fuerzas o peor, de las tres juntas. He ido llorando en el colectivo sabiendo que era injusto presentarme para que se violenten, sólo para decir que son ellos “los poderosos”. Los jubilados les estaban demostrando la real resistencia y les hacían saber que el verdadero poder proviene de los ideales de la lucha del pueblo.
Mi deber ideológico me decía que tenía que estar ahí y acompañar esa lucha por mis guía de camino: los jubilados y jubiladas de los miércoles. Un miércoles concreto, el 11 de febrero de 2026, se trataba en el Senado la “Reforma” Laboral, con la ley que era un abuso descomunal para todos los trabajadores. No era una ley que atrasaba, sino que era algo nunca visto, ni siquiera en las épocas de esclavitud, pero a eso apuntaba un poco ir, obvio que ese miércoles me iba a hacer presente para resistir ese atropello, aunque esa ley ya estuviese igual comprada en el Senado, en Diputados, en los sindicatos, la CGT, los gremios y la “¿oposición?” (si es que existe).
Si bien mi infierno había comenzado antes, fue a partir de ese día que se puso aún más oscuro. Y no hablo precisamente de la violenta represión que comenzaron los efectivos de la PFA, su hidrante y el hidrante de Gendarmería, mediante el cual ya habían empezado a reprimir violentamente.
Mi infierno más profundo y el de mi familia fue puesto en marcha por el Ministerio de Seguridad el sábado 14 de febrero en el barrio de Avellaneda, más precisamente en el Club Biblioteca Popular Nicolás Avellaneda, donde realizaba tareas como masajista deportivo en un evento de boxeo de Alberto Melián, realizando masajes a voluntad a los deportistas que peleaban, para concientizar acerca de los beneficios del masaje pre y post competitivo.
Terminado el evento, a eso de las 00:00 hs del domingo, irrumpieron al club alrededor de 70 efectivos, algunos de ellos con chalecos azules; otros, de civil y sin identificación. Me rodearon, me tomaron por la fuerza, desproporcional y desmedida, como están acostumbrados a ejercer sobre un trabajador, en este caso, de contextura delgada (60 kilos), morocho, sin recursos económicos ni poder político.
Me sometieron a tratos violentos, me impidieron hablar, me agredieron verbalmente, me dijeron que yo estaba detenido y me llevaron violentamente por la puerta de atrás, amenazando con romper toda la puerta en caso de que no les dieran paso. Me subieron esposado a una camioneta no identificada. Me golpearon dentro de ella. Durante todo ese proceso, yo les decía que no estaba ofreciendo ningún tipo de resistencia y que iba a cooperar, para calmar al oficial (que no estaba identificado). Se encontraba alterado y nervioso. Yo a esta altura tenía bastante miedo por su comportamiento sin saber por qué había tantos efectivos y porque ningún “móvil” estaba identificado.
Me trasladaron a una estación de servicio Shell, me bajaron de la camioneta, me presentaron frente a más personas, ninguna se identificó, todos estaban vestidos de civil, me sacaron fotos y me volvieron a subir no recuerdo si a ésa o a otra camioneta diferente.
Me trasladaron a una dependencia de la PFA en Avellaneda, sobre la Avenida Hipóloto Yrigoyen. Empezaron a preguntar por mi persona, si había alguien en mi casa, a lo que respondí que no. Me advirtieron que si estaba mi novia allí, que yo les avisara, porque “la va a pasar mal”. Les entregué las llaves de mi casa. Luego de un rato de tenerme ahí, me exigieron que les dijera dónde estaba la ropa, las zapatillas y todo, que ‘hable porque me van a romper toda la casa y tirar las paredes si es necesario', a lo que respondí que no entendía lo que me hablaba y qué quería. Me trataron de leer mis ‘derechos' y les dije que no comprendía nada, porque quien lo lee no es claro, se trababa y titubeaba, como si le costara o no supiera leer.
Luego de un largo tiempo me volvieron a subir a un auto, todo esto ya con varios teléfonos filmándome. Aún continuaba un alto número de policías. Los teléfonos y las filmaciones comenzaron a ser más importantes y de mayor interés en filmarme en situación de detenido. Parecía prioridad visualizar mi imagen que el procedimiento en sí.
Me llevaron a Azopardo (edificio biométrico / médico legista). Luego me trasladaron a Lugano en otro auto con destino a la Alcaldía Nº 8 de Madariaga. Creo que después de tenerme toda la madrugada de pie mientras llenaban formularios y demás, me bajaron a una celda alrededor de las 7:00 am. Me recibieron otros detenidos con los cuales iba a convivir unos cuatro o cinco días.
Me llamaron el lunes por la tarde para citarme ante el Tribunal de Contravención y Faltas en Flagrancias Nº 6 de CABA. Me reuní, esposado y con un efectivo de la PFA a cada lado, con mi abogada, María del Carmen Verdú, y solicité que me sacaran las esposas y nos den privacidad de hablar. Sólo ceden al pedido de quitarme las esposas, pero no se retiraron de la habitación, entonces, tuvimos que hablar bajo sus miradas y atención, ya que me negaron tener privacidad con mis abogados.
Luego, cuando dieron sala de audiencia, me senté frente al juez y demás personas y tuve que escuchar al fiscal acusarme de varias cosas ante las que no sabía si reír o llorar. Entre ellas, las de ser un terrorista. En ese momento mi cara ya no era de asombro ni de escucha. Ahí me preocupé, sentí como que el fiscal estaba diciendo palabras ya antes nombradas por políticos de este gobierno. Sentí como que estaba leyendo un escrito hecho por la ministra de Seguridad Monteoliva, insistendo con la figura de terrorismo, que intentó instalar en todo momento.
Para mi sorpresa y miedo, escuché que me pedía de 5 a 15 años de prisión. Me pregunto ¿qué tan terrorista soy? ¿Qué terror causé? ¿Acaso formo parte de una organización (no estoy en ninguna) que se financia con coimas del organismo que debe velar por los derechos de las personas con discapacidad? ¿Acaso estoy bancado por los narcos como Fred Machado? ¿Fui o soy partícipe de una estafa a los argentinos, como lo es $Libra? ¿Soy yo quien miércoles tras miércoles saca a tres fuerzas armadas para ‘combatir' y pegarles a los jubilados? ¿Me financio con robos al Estado y sus contribuyentes? ¿Apaleo al pueblo trabajador día a día, aumento tras aumento?
Yo no participé en ninguna de las estafas nombradas. Ni siquiera elegí someterme a EE.UU. con dinero del que desconocemos cómo y en qué condiciones vamos a recibir o devolver, pero resulta que el terrorista y el que tiene que estar preso soy yo.
Disculpas por mostrarme descontento con el abuso del Estado sobre el pueblo argentino. Parte del pueblo, porque hay otra muy pequeña parte y, oh casualidad, son los que más poder adquisitivo tienen, se favorecen. Pero el terrorista para este fiscal soy yo. Quisiera conocer su visión y su trabajo en casos anteriores.
Luego de salir del Juzgado 6 me devolvieron a Lugano. El martes me notificaron de mi traslado a Ezeiza. ‘Qué rápido actuó la justicia', pienso, por no decir que la Justicia fue sumisa y mandada por el Ministerio de Seguridad. ¿La Justicia es fuerte? O se muestra fuerte cuando el ministerio y el Gobierno así lo ordenan? Si fuese fuerte, ¿no sería más justa y mostraría su fortaleza con los poderosos? La Justicia se hace la poderosa con los débiles, porque es sumisa al poder. La Justicia ya no es un poder separado: trabaja en conjunto con el poder débil de turno.
El miércoles a primera hora del día llega el médico legista. El mismo que me había visto en Azopardo. Me llevan a la sala continua de la alcaidía y mi sorpresa fue muy fuerte al ver varios miembros de las fuerzas especiales esperando por mí. Comenzaba nuevamente el show de las cámaras de celulares. Enfocan varios hacia mí. Me piden que me coloque un traje que a mi entender es ropa de trabajo. Poniendo la misma ropa a un preso que a un trabajador, detalle que me parece no menor. La ropa varios talles más grandes. Todo lo que decía y hacía tenía que ser siempre mirando a cámara, lo que luego entiendo de esto es que era para el show de la Ministra de Seguridad y su gobierno. Para sus redes.
Me ponen un chaleco y casco para trasladarme en un camión blindado al Penal de Ezeiza. Logro ingresar pasado el mediodía. Ahí me informa un miembro del Servicio de Fuerzas Especiales que voy a ser alojado ‘con los de Rosario'. ‘Los narcos', me dice. Hasta ahí yo no sabía de qué se me estaba hablando. Paso la primera puerta y me recibe gente con casco, pasamontañas y más cámaras. Me informan que estoy bajo el ilegal e inconstitucional ‘Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo' (de ahora en más, ‘SIGPLAR').
Todas mis pertenencias y yo pasamos por un escáner. Secuestran mis libros, mi lapicera, mi cuaderno, mi ropa. Me tratan como su fuera una de las personas más peligrosas del país, y todo esto sin ver un rostro ni una identificación. Estoy aturdido. No comprendo el por qué, ni nada. Me llevan a una diminuta celda y me encierran ahí.
Otros detenidos se acercan por una mirilla a mi celda y me cuentan un poco dónde estoy y bajo el régimen que me encuentro. Entonces, quedo todavía más aturdido, porque yo estoy en esta pequeña celda con un colchón un poco más ancho que un cartón, y bajo las condiciones que me cuentan mis vecinos de celda. Son ellos los que me muestran un trato y un costado humano alcanzándome elementos de higiene básicos, para limpiar la celda sucia y yo poder higienizarme.
Me dicen que van a darme un recreo de la celda el jueves al mediodía, que era mi horario de esparcimiento. Ese recreo constaba de cuatro horas fuera de la celda, las otras veinte horas diarias tenía que estar encerrado y solo. Ese miércoles 18/02 me encontré experimientando por primera vez lo que es la tortura del SIGPLAR. Esas primeras horas era gente acercándose a la mirilla para saber si necesitaba algo. Eran los otros presos. El personal no se volvió a acercar hasta las aproximadas dieciséis o diecisiete horas para hacerme entrega de la cena, que para mí era el desayuno.
Esa noche dormí poco, entrecortado y mal. No sabía que así iba a ser mi rutina de sueño durante todo el próximo mes. Al otro día, me sacan de la celda a las 8:00 am, conozco a mis compañeros de recreo.
La convivencia con estas personas representó el contacto más humano que yo tuve ahí adentro. Ellos no entendían cómo una persona primaria, sin causas anteriores, sin antecedentes, sin haber nunca estado en un penitenciario, caía en ese sistema, en el SIGPLAR. En los siguientes temas desconozco la sincronización, día y horarios exactos, porque una vez que se entra al sistema te aíslan de tus vínculos: abogados, noticias, reloj, de todo el exterior, eso lleva a cualquier ser humano a una confusión temporal, de horarios y fechas, que es impresionante.
Esa misma mañana, mientras me contaban dónde estaba, me cocinaron como lo hicieron durante todo el mes siguiente, siempre tratando de darle sabor a la comida que entregaba el SPF. Estos compañeros junto con los otros internos (eran catorce) me demostraron lo que es la solidaridad, y el lado humano en situaciones difíciles. Los presos “más peligrosos” me brindaron apoyo.
El primer contacto con el exterior lo tuve de Natalia, de la Procuración Penitenciaria Nacional. Ella me trajo novedades de mi entorno familiar y de mi abogada. Esto fue el 26 de febrero, porque en mi ingreso al sistema me retiraron todos mis números telefónicos que tenía anotados en un papel: eran los teléfonos de mis familiares y abogados. Me dijeron que se los entregara, que ellos se iban a comunicar. Me hicieron llenar un formulario con sus teléfonos y nombre para así poder comunicarme (nunca sucedió: estuve sin comunicación con mis vínculos todo el tiempo que pasé secuestrado bajo el SIGPLAR: un mes entero).
Natalia me dijo que mi abogada estaba haciendo lo imposible para ponerse en contacto conmigo, que por suerte pudieron ubicarme, ya que en ningún momento se habría comunicado mi traslado a este sistema. No lo sabía mi defensora, no lo sabía el juez de la causa, lo cual a mi entender es muy grave. Si el juez no designa que yo ingrese al SIGPLAR ¿quién lo ordena? ¿Qué persona u organismo designa tan autoritariamente mi condición de recluso? ¿Acaso el fiscal tiene más autoridad y su decisión pesa más que la del juez? ¿O fue el Ministerio de Seguridad que intervino directamente en las decisiones en las que le toca arbitrar a la justicia?
Procuración trae un poco de calma a mi persona, porque supe que no estaba sólo y abandonado como pretende colocarme el sistema. Tengo a mi familia ahí afuera y a mi defensora activando pero no dejarme en el olvido. Gracias a todo el conjunto de personas que hacen posible que existan organizaciones como Correpi: sin ellas, mis palabras serían otras o no tendría por qué. Seguiría aislado. Natalia me confirma un poco más del régimen y me dice todos los NO puedo que me van a tocar afrontar en el sistema.
Transcurren los días en Ezeiza, sin poder comunicarme con mi familia ni con mis abogados. Yo recién tendría novedades de ellos dos el 6 de marzo calculo, día en el que, después de insistir y de que les hayan negado el acceso a verme en ocasiones anteriores en el penal, me dicen que ellos el 03/03 habían enviado un e-mail al juzgado autorizando los números de mis abogados para yo así poder hablar con ellos.
La visita que tengo de ellos es por tiempo reloj, de una ahora exacta. A través de un vidrio y hablando por un teléfono en cada pared separados por un ventanal de vidrio, con cámaras y micrófonos. Con esa “privacidad” contábamos. Transcurrido el tiempo sonó el timbre y nos tenemos que despedir.
Ante cada salida que yo tenía fuera del pabellón, las requisas consistían en sacarse las prendas de arriba, pantalones, zapatillas, medias y bajarte los calzoncillos. Te hacían dar vuelta con los calzoncillos bajos, abrir la boca y si te encontraban un papelito o algo escrito te amenazaban con sancionarte. Así de humillante era después de cada vez que te “veías” con alguien de afuera: un Guantánamo en Ezeiza.
Si bien mi abogada había recibido la confirmación del juzgado con el ok de mis defensores confirmados por jefatura interna del sistema, yo seguía sin poder comunicarme con ella. ¿Por qué? Porque por más que el juez dictara algo, se informe a los defensores, Jefatura acepte, todo debe pasar por la Coordinación.
Y ¿en qué consiste esta área? Él es quien determina lo que se puede y lo que se quiere. Es la traba que frena todo despacho entre el personal del SPF y el recluso. Es el organismo que le dice “NO” a todo. Se le envía audiencia y no responde. Se le envía habeas corpus y no acata ni responde. Se maneja con tal impunidad con respecto a los derechos de los reclusos, que no le da la mínima importancia a los DDHH ni a las normas internacionales de protección de las personas. Tal violencia solo puede ocurrir con el pleno aval y el pleno apoyo del gobierno actual.
Esto ya me lo habían advertido otros presos: ‘Si te dicen que están esperando que lo envíe Coordinación, dalo por perdido, porque ignoran cualquier solicitud y documento que uno desde acá les solicite'.
A todo esto, ¿cómo podía yo sacar audiencia desde Ezeiza? El encargado de turno traía ‘unos papelitos', éramos 15 en el pabellón: los papelitos a veces podían ser 15, 10, 8 ó 5, dependiendo del antojo del día del sistema. Teníamos que ver quién pedía audiencia de los 15, dependiendo de la urgencia nuestra y del área que necesitáramos esa semana. Las áreas son Visita, Sociales, Jefatura, médico de planta, Odontología, Coordinación, Criminología, ‘Educación', ‘Trabajo', Pañol y algunas más. Diez áreas, aproximadamente.
Quince presos. Diez papelitos. Así se manejaban. La birome te la daban ellos para que pidieras audiencia en ese momento, porque no nos permitían tener birome, cuaderno, papel ni libros. Ropa limitada, pero pastillas psiquiátricas, te las ofrecían sin que las pidieras.
El área de ‘Educación': acá, si insistías mucho, te podían dar un libro; pero lo que era estudio, capacitación no existía. Algún curso con fotocopias: no más que eso.
Trabajo: no brindaban ningún tipo de taller ni tenían interés en generar nada similar. Deporte: consistía en una hora semanal. Los cinco internos del recreo de ese horario. Una canchita de fútbol llena de pozos y peligros para desarrollar actividad deportiva . Era una cancha cerrada entre cuatro paredes, con rejas por todos lados, inclusive el techo, y te daban una pelota. Eso era el área de deporte. Nada que se le pareciera menos a lo que yo entiendo por tal cosa.
Médico de planta: me llama y me hace no más de tres preguntas, literal: si tengo alguna enfermedad, si tomo medicación y qué resultados tenía de mi extracción de sangre. (A mí me sacaron sangre, calculo que un extraccionista, y me preguntaba a mí por los resultados. En fin.) El profesional, antes de atenderte, te hacía firmar el cuaderno de actas, para acreditar que te había visto. Debería ser un médico excelente, porque con tres preguntas ya sabía todo pero absolutamente todo de tu salud.
Odontología: aún sigo esperando respuesta. Se me había salido una funda dental en Ezeiza, tras lo cual envié un hábeas corpus, pero sigo sin atención (hoy: 30/03).
Visita: igual, te atendía después de enviar habeas corpus, encima te atendía mal y se enojaba cuando reclamabas la atención. Ni hablar de información. Como muchas de las áreas, te decía “está en Coordinación”.
Jefatura: ellos sólo querían demostrar que tenían poder y mandaban ellos (en realidad, sólo acataban órdenes de otros). Te decían frases como ‘¿te das cuenta de que acá ustedes no eligen ni pueden hacer nada? Les manejamos hasta el control de la tele. Lo único que pueden hacer es respirar'.
Había que cumplir los objetivos de puntuación del programa. Entre ellos estaban ‘educación' y ‘trabajo', y como dije antes, desde estas áreas no te brindaban nada. Con esa excusa te bajaban puntos de criminología, tanto de concepto como de conducta. Todos los internos estaban en desacuerdo al momento de los puntos, porque al bajártelos te complicaba aún más en las libertades.
En este sistema de Alto Perfil había algunos casos bien puntuados con 10-8, con excelente conducta. Pero, al ser casos mediáticos, los metían en este sistema, que, me parece importante remarcar, fue creado ilegalmente mediante una resolución para combatir la violencia de Rosario, pero había gente como yo que no calificaba de ‘alto riesgo'. Y sin explicaciones más que si salía en la tele o se mediatizaba la causa, contás con dos posibilidades de caer al sistema: eso, sólo por ser mediático.
A mí me tocó experimentar este ilegal SIGPLAR desde adentro, por ser mi causa de pantalla y medios, experimenté no ver ni tener contacto con mis abogados ni vínculos afectivos de mi entorno. Me encerraban 20 horas diarias en una diminuta celda, nos filmaban hasta en las duchas, teníamos requisa dos veces por semana, estábamos privados de noticias a partir de que un director del SPF se quedó con plata que no le correspondía, no permitían el ingreso de depósito que mi familia y varias personas me querían hacer, porque desde el día uno que yo estaba pidiendo elementos de higiene y limpieza básicos: lavandina, jabón, papel higiénico, un trapo.
Así de básico. No sólo no me entregaron hasta un día antes de irme, sino que tampoco me permitía hacerme cargo a mí de los elementos de higiene, sino fuera por la solidaridad de los detenidos, no hubiera tenido nada. El único contacto con afuera fue la Procuración. Cuando bajaron una comitiva y les pudimos contar todas las falencias del alojamiento y del sistema en sí, cómo afectaban nuestra vida, querían vender en las cámaras un Guantánamo en Argentina, y era un mamarracho antiderechos.
Para los videos y spots, todo el dinero, pero para sostener eso se notaba gran falta de presupuesto y predisposición: falta de elementos de higiene básicos, falta de ropa (sólo me entregaron ese conjunto en Lugano, varios talles más grandes que el mío). Faltante de calzado. Nunca me dieron calzado. Faltante de agua en el baño, faltante de ducha, y, por sobre todo, faltante de humanidad.
Quiero resaltar un detalle no menor: todo el personal usaba pasamontañas y en el costado del pasamontañas todos llevaban una bandera de EEUU bordada, sublimada o como etiqueta (no sé, a mí me hacía ruido ¿no? Lo dejo para que lo piensen).
Haber ingresado en este sistema implicó una tortura psicológica para mí. Estuve privado de todo derecho constitucional y legal. Era una locura no saber días, horarios, comer mal, dormir peor, te venían a iluminar con linternas a través de las mirillas mientras dormías.
En un momento comencé a realizar actividad física junto a mis compañeros de recreo. Pero al Servicio le molestaba que se dibujara (con pasta dental, a falta de tener otra cosa) el piso del patio, un patio de 10 x 5 con rejas hasta en los techos altos. Todo lo que realizáramos para evadirnos o generar distracción, el sistema , mediante requisas, nos lo quitaba. Yo dibujaba círculos y cruces para marcar ejercicios de boxeo y en una de las requisas vinieron a decirme que no las hiciera más, que estaba ‘prohibido', como casi todo allí adentro.
En otra ocasión, armamos un ajedrez ‘tumbero' con cartas para las fichas y tela para el tablero y lo secuestraron. Cartas armadas, las secuestraban; ejercicios, nos los prohibían. Así nos hacían vivir: nos negaban toda posibilidad de dignidad.
Puedo escribir recién ahora lo que recuerdo de esa locura sin entendimiento para mí porque forma parte de ese programa de tortura que no debería existir, pero para peor también funciona en Marcos Paz otro SIGPLAR más estricto, en condiciones, por lo que me dijeron, de 23 horas de encierro y 1 hora de recreo.
Quiero dejarlo bien claro: estos programas ilegales de tortura son una verdadera aberración. Yo aún desconozco mi fuero dentro de ese maldito sistema. Mis compañeros estaban sorprendidos porque siempre se decía que quien entra al sistema no sale. Cuando a mí me buscan el miércoles 19/03 a aproximadamente las 17 hs, se va sorprendido el mismo personal de pasamontañas diciéndome ‘¿Existe esto?' que era mi traslado a un pabellón común. Es entonces cuando me trasladan de Ezeiza a Marcos Paz.
Tampoco sé por qué hasta el miércoles a las 17 hs era considerado uno de los presos más peligrosos del país y después, a las 20 horas, ya era un preso común. Lo que sí sé es que le agradezco y le debo mucho a María del Carmen Verdú, por trabajar e insistir siempre en mi liberación y por brindar apoyo a mi pareja Eva, que es la persona que más presente estuvo, que se cargó cada minuto de su vida desde mi detención a hoy, para que yo recupere mi libertad.
Se transformó en una persona aún más admirable para mí, porque me llena de orgullo tener una compañera tan aguerrida como demuestra ser Eva, sobreponiendo su bienestar a la causa y lucha por mi liberación. Yo por suerte hoy recuperé la palabra al moverme del SIGPLAR. Tengo mis pensamientos aún no encontrados con respecto a mi traslado, y también mis miedos.
Responsabilizo al Ministerio de Seguridad, al Gobierno en su conjunto, al Servicio Penitenciario Federal, a la Ministra de Seguridad Monteoliva si le llegara a pasar algo a mi integridad física. Yo soy una persona que tiene muchos deseos de vivir y que sueña con una vida allá afuera. No me voy a callar. No voy a dejar de actuar como ciudadano político. Porque mis principios y valores son mi fortaleza.
Yo soy una persona que no va a hacerse daño, no se va a envenenar, no me voy a suicidar, ni tengo conflictos con otros internos del Módulo V Pabellón I de Marcos Paz. Entiendo que soy un preso político en épocas de dudosa democracia.
Escribo estas horas para libre difusión con previa autorización de Eva Laura del Rosario, quien es la que se puso al hombro y cargó con esta lucha. Escribo esto para que quede asentado como documento para mis abogados: Rodolfo Zárate y María delCarmen Verdú. Para mi familia: Eva, mi pareja; Mauro, mi hermano; Soledad, mi hermana; María Alejandra, mi tía; Eduardo, mi padre; Silvia, mi madre. Amigos, como Juli y Papu, porque toda esa red junto con las organizaciones sociales, asambleas (es especial, la de Lanús), personalidades políticas, instituciones como la Procuración, organismos de DDHH y demás individuos que sostienen mis días como preso político, gracias a todos por tomarse el tiempo de leerme para entenderme y comprender.
Milton Tolomeo. 30/03/2026. Marcos Paz.”
Milton Tolomeo | Foto Correpi
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Ley de Glaciares: uno por uno, cómo votaron los diputados en la reforma promineras
9 de abril, por Cámara baja — Parlamentaria, Libertades Democráticas, Ecología y ambiente, Diputados, Cámara de Diputados, Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FITU), Ley de glaciares, La Libertad Avanza (LLA), Unión por la Patria , Parlamentaria, Libertades Democráticas, Ecología y ambiente, Diputados, Cámara de Diputados, Frente de Izquierda y de Trabajadores - Unidad (FITU), Ley de glaciares, La Libertad Avanza (LLA), Unión por la Patria
En la madrugada del jueves la Cámara baja sancionó una nueva norma que modifica la ley vigente desde 2012 y pone en riesgo las reservas de agua en todo el país. ¿Qué postura tomó cada bloque?
En una sesión que se extendió hasta la madrugada de este jueves, la Cámara de Diputados votó la reforma a la Ley de Glaciares, una normativa basada en la protección de los bienes naturales comunes frente al avance del lobby megaminero. Usando al Gobierno de Javier Milei como ariete, las grandes corporaciones extractivistas buscan flexibilizar los controles ambientales para seguir saqueando las riquezas nacionales.
La votación fue nominal, es decir que cada diputada o diputado tuvo que expresar públicamente su postura. Esto permite saber quiénes son los que se alinean con los intereses de las corporaciones. El resultado dejó en evidencia la complicidad de los bloques mayoritarios con el lobby minero.
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El resultado fue de 137 votos a favor, 111 en contra y tres abstenciones. La Libertad Avanza aportó sus 94 bancas y las otras 43 fueron otorgadas por los habituales colaboradores del oficialismo y por quienes responden a los intereses mineros de sus provincias. Entre estos últimos figuran diputadas y diputados de la UCR y Unión por la Patria.
Como afirma Jesica Calcagno, el Gobierno recibió un apoyo transversal a todos los bloques políticos, con la excepción del Frente de Izquierda y la Coalición Cívica. Algo que ya había sucedido al votarse la media sanción en el Senado.
Los gobernadores que más hicieron fuerza para que salga la reforma fueron, lógicamente, los de las provincias mineras. Se trata de Alfredo Cornejo de Mendoza y Carlos Sadir de Jujuy (ambos de la UCR); Raúl Jalil de Catamarca y Gustavo Sáenz de Salta (ambos del PJ) y Marcelo Orrego de San Juan (Por San Juan). En ese rejunte de votos radicales y peronistas se incluyen los de Jorge Chica y Cristian Andino, los dos sanjuaninos que actualmente integran Unión por la Patria.
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Además de las provincias directamente mineras, ayudaron al Gobierno bloques de otras como Tucumán, Córdoba, Santa Fe y Río Negro. Allí estuvieron los tres diputados ex UxP que responden al gobernador tucumano Osvaldo Jaldo, incluido el cristinista Javier Noguera.
La lista se completa con Nicolás Massot, uno de los señalados por la Asociación de Abogados Ambientalistas por ser socio de una empresa involucrada en un proyecto minero de litio en Salta.
Contra la reforma promegaminería y en defensa del agua y los glaciares votaron los bloques enteros del Frente de Izquierda y los Trabajadores Unidad (FITU) y la Coalición Cívica y la mayoría del bloque de Unión por la Patria. Se sumaron diputados a título personal como Natalia de la Sota, Miguel Ángel Pichetto, Jorge Fernández y la exmileísta Marcela Pagano.
La abstención estuvo en manos de Oscar Zago y Eduardo Falcone y la neuquina Karina Maureira que responde al gobernador Rolando Figueroa.
Foto Cámara de Diputados
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Caso Daiana Abregú: condenan a una policía por incumplimiento del deber
7 de abril, por Muerte en comisaría — Política, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Violencia policial, Policía Bonaerense, Brutalidad policial, Daiana Abregú, Política, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Violencia policial, Policía Bonaerense, Brutalidad policial, Daiana Abregú
Vanesa Nuñez, única policía que llegó a juicio, fue condenada a sólo dos años de prisión y cuatro de inhabilitación por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público.
Este miércoles 1 de abril se conoció la sentencia en un juicio que duró solo tres audiencias: dos años de prisión condicional y cuatro de inhabilitación por haber sido declarada culpable del delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público. Para el juez Aníbal Alberto Álvarez, titular del Juzgado en lo Correccional 1 de Azul, la oficial no cumplió su tarea de imaginaria (responsable de la vigilancia en los calabozos).
El 5 de junio de 2022 Daiana Abregú fue encontrada muerta dentro de la celda de la Estación de Policía Comunal de Laprida; había sido detenida apenas ocho horas antes por una contravención la noche del sábado, día que había salido a divertirse con unos amigos.
Al comienzo de la instrucción la causa fueron imputados cinco policías imputados por el delito de homicidio agravado. Durante el primer año de investigación fueron sobreseídos cuatro de ellos y reincorporados a la fuerza; sólo quedó imputada la agente Núñez.
Una condena con sabor a poco, que llega tras una instrucción judicial deficiente, plagada de irregularidades y dilaciones. Hubo sobrados indicios de que detrás de su muerte estaba involucrado el personal policial, situación agravada por el encubrimiento de los hechos de parte de funcionarios judiciales y políticos, especialmente del Ministerio de Seguridad bonaerense. Amnistía Internacional Argentina había solicitado “una investigación urgente, imparcial e independiente para lograr justicia en este caso de violencia policial”. No olvidemos la responsabilidad del Ministerio de Seguridad bonaerense en el encubrimiento de sus subordinados implicados en casos, llegando al uso de abogados de la institución para su defensa.
Para la familia de Daiana, cuya lucha junto a amigos y organismos de derechos humanos fue fundamental para que la causa llegue a juicio, esta condena no alcanza: "No repara. A Daiana la torturaron y la mataron. Queremos justicia real por Daiana Abregú".
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Libertad a lxs presos por luchar contra la reforma laboral
6 de abril, por Criminalización de la protesta — Sociedad, Zona Sur del Gran Buenos Aires, Libertades Democráticas, Lanús, Reforma laboral, Presos políticos, Javier Milei, Alejandra Monteoliva , Sociedad, Zona Sur del Gran Buenos Aires, Libertades Democráticas, Lanús, Reforma laboral, Presos políticos, Javier Milei, Alejandra Monteoliva
Continúa la campaña por la libertad de Milton y Eneas, detenidos por participar de las movilizaciones contra la reforma laboral votada por el Congreso el pasado 11 de febrero.
El 14 de febrero mientras estaba trabajando como masajista en un evento deportivo en Avellaneda, Milton fue detenido por la policía federal, por haber sido parte de la movilización contra la reforma laboral. Tras su detención, fue trasladado al penal de Ezeiza e ingresado al Sistema Integral de Gestión para Personas Privadas de la Libertad de Alto Riesgo, creado en 2024 por el Ministerio de Seguridad. Allí permaneció más de un mes en condiciones extremas, alojado en un módulo especial destinado a presos de altísimo riesgo, con hasta 20 horas de aislamiento diario. Fue tratado como un terrorista, en un intento evidente de disciplinar a quienes se organizan y luchan.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Esa reforma laboral esclavista que ataca derechos elementales de lxs trabajadores hoy se encuentra suspendida en la mayoría de sus artículos por la Justicia Nacional del Trabajo. Mientras esté vigente la medida cautelar presentada por la CGT, 82 de sus artículos no se podrán aplicar. Pero Milton continúa detenido.
A los pocos días comenzó una campaña por su libertad y contra las condiciones de detención y el carácter completamente arbitrario de su encarcelamiento. Su familia, su pareja, organizaciones de derechos humanos y anti represivas, asambleas barriales y distintos sectores en lucha impulsaron acciones, difundieron su situación y promovieron presentaciones legales. Incluyendo un habeas corpus por parte de la Correpi y Maria del Carmen Verdu que lleva adelante su defensa y amicus curiae por parte del Ceprodh, Cels y APDH.
Gracias a esta campaña, el 19 de marzo Milton fue trasladado al penal de Marcos Paz, donde puede recibir visitas, tener acceso a mercadería y estar en un pabellón común. Al día siguiente de esta noticia la policía federal detenía en Gral Rodriguez a Eneas, un trabajador precarizado de aplicaciones, por haber participado de las manifestaciones contra la reforma laboral.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>La aplicación de las medidas del gobierno solo puede avanzar con represión, criminalización de la protesta y con cómplices que votan estas leyes, porque se trata de un programa contra la clase trabajadora y los sectores populares y favor de los empresarios y del FMI. Ya se vio en las movilizaciones contra la Ley Ómnibus y la Ley Bases, donde hubo detenidos que aún continúan peleando por la absolución. En estas movilizaciones además fue herido en un ojo el abogado del CeProDH Matías Aufieri, quien participaba de la movilización el 1° de febrero de 2024 frente al Congreso. Más recientemente, el 12 de marzo de 2025, en la feroz represión contra jubilados e hinchas, la gendarmería dejó heridos de gravedad al fotógrafo Pablo Grillo y a Jonathan Navarro.
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A pesar de que el gobierno, junto a la oposición cómplice, haya logrado votar la reforma laboral, el malestar general de amplios sectores por el empeoramiento cotidiano de las condiciones de vida crece, amplificado en estas semanas por los escándalos de corrupción, como los de los viajes y las casas de Adorni, los escándalos Libra y el 3% de Karina por la corrupción en Andis.
Este intento de disciplinamiento a los que luchan y quieren enfrentar al gobierno, lejos de amedrentar, solo está generando mayor bronca y descontento. La enorme fuerza que se mostró en las calles el 24 de marzo contra el negacionismo oficial y la persistencia de los jubilados, el movimiento disca y todos los sectores en lucha que enfrentan cada semana la represión de Bullrich y Monteoliva son expresión de eso. La unidad de todos los sectores en lucha, junto al desarrollo de la más amplia solidaridad y campaña por la libertad de Milton y Eneas y de todos los presos y procesados por luchar, se da en este marco.
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La Nieta 127 como trofeo: falsa moral “libertaria” y reedición de la Teoría de los Dos Demonios
5 de abril, por Sumario sin secreto — Política, Libertades Democráticas, Genocidio, Impunidad, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Abuelas de Plaza de Mayo, Teoría de los dos demonios, Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), Estela de Carlotto, Erika Lederer, Dictadura, A 50 años del Golpe, Sumario sin secreto, 50 años del golpe de Estado de 1976
Miriam Poblete Moyano, Nieta Recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo, se hace llamar Miriam Fernández, tal como la anotó en 1977 Armando Fernández Miranda, sanguinario genocida mendocino. En un video de Casa Rosada, la mujer reproduce el relato creado por sus apropiadores y festejan los liberfachos. No hay “memoria completa”, hay nostalgias del terror estatal.
Sabían que la Plaza de Mayo iba a reventar de pañuelos blancos, rostros de desaparecidos y un masivo repudio a las actuales políticas dignas de José Martínez de Hoz. Pero no querían quedarse callados. Menos en el aniversario 50. Tras consultar a “expertos” como el Tata Yofre o Nicolás Márquez, resolvieron armar un mensaje de “reconciliación”. Fue el mismo 24, con un video de Youtube filmado en la Casa Rosada, mal editado y peor subtitulado.
A diferencia de 2024 y 2025, el Gobierno de les hermanes Milei buscó correrse de la reivindicación explícita del genocidio. Apeló a una versión “libertaria” de la Teoría de los Dos Demonios, en la que ambos representantes del mal ya no están diferenciados (las violencias “de izquierda y derecha”, al decir del Nunca Más alfonsinista), sino que conviven mezclados.
Semejante maniobra requería una historia fuerte, que hiciera pie en ambos “demonios”. Márquez propuso utilizar a Miriam Fernández, a quien conoce hace años. El biógrafo oficial de Milei y la Nieta 127 recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo tienen amigos militares y policías en común. ¿Qué mejor para la “batalla cultural” que una hija de desaparecidos atacando a organizaciones de derechos humanos y hablando maravillas de sus apropiadores?
Habrá que reconocerles a los mercaderes de la moral que gracias a esa puesta en escena quedaron en evidencia. Quisieron presentar como víctima del “revanchismo setentista” a alguien que, en realidad, es un producto refinado del plan genocida.
“Nosotras la encontramos, si ella niega su origen es como si uno dijera que es inglés y en realidad es argentino. Que se quiera quedar con lo anterior y lo demás no le interese es cuestión suya”, dice Estela de Carlotto de Abuelas de Plaza de Mayo.
“Crecer en una casa de milicos te marca la existencia con discursos paternos muy difíciles de deconstruir. El Gobierno usó el testimonio de esta mujer para una verdadera campaña de apología del robo de bebés”, reflexiona Erika Lederer. La hija de Ricardo Lederer, obstetra y capitán del Ejército que condujo la maternidad clandestina de Campo de Mayo, desobedeció el mandato familiar y hoy lucha por Memoria, Verdad y Justicia.
"Tengo cuatro padres", dice Miriam Moyano Poblete, consumando el "logro" de la Teoría de los Dos Demonios Cuento falaz
El video inicia polarizando con el kirchnerismo, a quien acusa de “lanzar una campaña” en 2003 para “imponer en la sociedad un relato sobre los trágicos acontecimientos de la década del 70” con una visión “sesgada y revanchista”. Primera falsedad histórica. Tras el sacudón de diciembre de 2001, los Kirchner (que venían de ser menemistas y duhaldistas) se vieron obligados a prestarle atención al reclamo de Memoria, Verdad y Justicia de una sociedad movilizada. No fue al revés.
A esa falsedad se suma otra, según la cual aquel “relato” fue funcional al beneficio económico de sobrevivientes y familiares. Pero más de dos décadas después, el patrimonio de quienes luchan por los derechos humanos está igual o peor. Algo lógico siendo parte de la clase trabajadora.
Es cierto que hubo cierta militancia que trocó lucha por cargos y hasta familiares cooptados con privilegios a cambio de hacer silencio sobre las nuevas violaciones a los derechos humanos (miremos si no cómo actuó cada quien ante la desaparición de Jorge Julio López en 2006). Pero es canallesco tomar esa pequeña parte para “explicar” un todo inabarcable. Especialmente tratándose de crímenes de lesa humanidad conocidos internacionalmente.
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Tras esa presentación, el video muestra los testimonios de la Nieta 127 y de Arturo Larrabure, hijo del coronel del Ejército Argentino del Valle Larrabure, muerto en 1975. Sobre éste ya se escribió acá. Aquí sirve recordar que en todas las instancias judiciales a las que acudió la familia del fallecido ya hubo sentencias coincidentes en que esa muerte no tuvo nada que ver con un crimen de lesa humanidad. Fin.
Pero es en el relato en primera persona de Miriam Fernández que buscan sustentar su versión recargada de la Teoría de los Dos Demonios. Desmenuzar lo contado por ella y mostrar el reverso de aquello en lo que aparenta creer firmemente, es necesario para comprender la operación de propaganda progenocidio.
De los más crueles
¿Qué es verdad? Que Miriam nació en junio de 1977 en la ESMA, el centro clandestino de la Armada por el que pasaron unos cinco mil detenidos desaparecidos. Poco tiempo antes María del Carmen Moyano había caído en ese infierno montado por los militares. Cursaba su último mes de embarazo. La habían trasladado desde Córdoba, tras haber pasado un tiempo detenida con su compañero Carlos Poblete en el centro clandestino La Perla.
A la recién nacida la llevaron a Mendoza, de donde eran oriundos María del Carmen y Carlos, quienes al día de hoy siguen desaparecidos. Pero no fue entregada a sus familiares paternos ni maternos, sino a la pareja conformada por Armando Fernández Miranda e Iris Luffi, quienes la inscribieron como hija natural en la seccional Guaymallén del Registro Civil.
Fernández Miranda fue un jerarca del siniestro Departamento de Informaciones (D2) de la Policía de Mendoza, donde funcionó un centro clandestino entre 1975 y 1980. Él manejó el área de Inteligencia hasta 1979. Tras varios juicios y sentencias a cadena perpetua, si hay algo claro es que Fernández Miranda es uno de los genocidas más crueles que pisaron la provincia. Aquí te contamos buena parte de su prontuario. Participó en cientos de secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones.
Para fraguar el robo de Miriam, Fernández Miranda y Luffi les pidieron a dos amigos del D2 que oficiaran de testigos ante el Registro Civil y dijeran que la niña era hija biológica de la pareja. La macabra “legalización” quedó oficialmente demostrada 34 años después, cuando el Tribunal Oral Federal 1 de Mendoza condenó a varios años de prisión al matrimonio y a Abelardo Garay, uno de los “testigos”, por la sustracción y apropiación ilegítima de la niña.
Iris Luffi murió en 2023, sin llegar a cumplir su condena tras las rejas. Y pese a semejante prontuario, Armando Fernández Miranda (de 85 años) goza de una placentera prisión domiciliaria. “Prisión” que ni siquiera cumple. En 2024 un grupo de familiares de víctimas del genocidio lo encontró paseando (sin custodia alguna) por el centro de la capital mendocina. Lo filmaron cuando, mostrando un envidiable estado de salud, les gritaba “menos mal que estoy preso, porque si no los mataría todos”.
Genocidas sueltos: Armando Osvaldo Fernández fue escrachado en las calles de Mendoza. Es el apropiador de la nieta 127
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<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>A ese genocida defiende la víctima directa de una de sus máximas crueldades. Y el gobierno de Milei disfruta al escucharla. A ese genocida Miriam Fernández le sigue llamando “papá” e intenta salvar su supuesto honor.
Hay quienes hablan de síndrome de Estocolmo. Una visión psicoanalítica dirá que en casos como éste opera una identificación con el agresor. Un mecanismo de defensa mediante el cual la víctima incorpora rasgos, discursos o mandatos de su victimario para hacer tolerable una situación a priori insoportable. Esa identificación, lejos de ser una decisión consciente, suele operar como síntoma que encubre una verdad no elaborada. Algo que sin dudas se refuerza al ser objeto de una calculada instrumentalización política.
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En el nombre del “padre”
En el video lanzado por La Libertad Avanza el 24 de marzo, Miriam despliega una narración en la que abundan los clichés, las lagunas y las intrigas.
Ante todo ella recuerda su infancia como una etapa “hermosa” junto al matrimonio y los cinco hijos biológicos a los que llama “hermanos”. Y les agradece a Fernández Miranda y Luffi por la “educación, el amor y el montón de valores” que le inculcaron. Lo dice a los 48 años, sabiendo desde hace tiempo la verdad.
Reconoce que los apropiadores le ocultaron hasta donde pudieron su origen (el que, lógicamente, conocían en detalle) y sólo dieron su versión de la historia cuando ella se les plantó llena de sospechas. “Un día encaré a mi papá y le dije que ya sabía la verdad, él no se lo esperaba obviamente, me contó más o menos cómo había sido”, dice ante cámara. “Mi mamá negaba todo, decía que ella me había parido”, agrega. Y afirma que fue ella la que les pidió no hablar nunca más del asunto. Ellos, claro, festejaron.
Pero la historia que hoy cuenta Miriam es por demás vidriosa:
– Un día de julio de 1977 un militar “compañero de trabajo” llegó a la casa familiar con una beba en brazos. Les pidió cuidarla hasta el otro día mientras buscaban al padre, ya que la madre estaba en un hospital. Aunque Fernández Miranda “dudó un poco”, aceptó.
– El militar “nunca volvió”. Tras pasar algunos días, Fernández Miranda fue a buscarlo al destacamento, pero le dijeron “esa persona no existe” y le pidieron que se retirara.
– Justo “se cruzó” a un abogado de la fuerza, que le recomendó que buscara testigos, anotara a la beba como hija natural “y en el camino se iría viendo”.
– Finalmente la acogieron en el hogar y la criaron con mucho amor.
Miriam considera que la apropiación de medio millar de niñas y niños por parte de la dictadura (la mayoría aún hoy apropiados) “no fue un plan sistemático”. En su caso, “el plan que había era de restituirme”. ¿De dónde saca eso? De algunos relatos de sobrevivientes que escucharon a los militares decir a las parturientas que sus hijos serían entregados a sus familias. Debería saber que no es aconsejable creerle a un militar, menos en un campo de concentración.
La conclusión parece guionada por Yofre o Márquez: “Lo que hicieron no fue con el afán de apropiarse de una niña y criarla porque no podían procrear, al contrario, tuvieron cinco hijos”... “Me adoptaron y me dieron amor”… “Mis padres cuidadores cometieron un error, eso es la parte legal, pero hay que rescatar la parte humana”, dice Miriam Fernández.
Si Armando Fernández Miranda es un comprobado criminal genocida, cuya crueldad quedó demostrada de sobra en los estrados judiciales, ¿cuál es el objetivo de Miriam al aferrarse a la fantasiosa imagen de un padre ejemplar que apenas cometió algunos “errores” y cuenta con valores humanos tan nobles como elevados?
Maneras de encubrir
Varios sobrevivientes identificaron a Jorge Luis Magnacco como el obstetra que atendió en la ESMA, entre otras detenidas, a la madre de Miriam. Por su accionar recibió múltiples condenas. Las familias Moyano y Poblete encararon la búsqueda de la niña. En 2012, sospechando que ella era la hija de María del Carmen y Carlos, se presentaron ante la Oficina Fiscal de Asistencia en causas de lesa humanidad de Mendoza.
En diciembre de 2017, tras un examen de ADN al que Miriam se resistió durante meses (con altas dosis de negación), se confirmó científica y judicialmente su origen. Habían pasado 40 años del robo de su cuerpo y su identidad. Y cinco desde que se había iniciado la denuncia penal. Sin embargo, para ella en el caso nunca hubo impunidad.
Cuesta pensar que Miriam eligió transitar un camino de encubrimiento consciente. Pero ella misma siembra las dudas. En varios juicios contra su padre, mucho antes de aquel análisis de ADN, ella se enfrentó a la verdad que nunca había sido parte de las charlas familiares. Esos “errores” que hoy le achaca a su “padre” fueron crímenes atroces. Lo que sí le parece grave es haber pasado “feos momentos” al concurrir a los tribunales como parte del contingente de familiares de los acusados.
Su razonamiento se repitió en 2021, cuando se juzgó a Fernández Miranda y a Luffi por su apropiación. Tras conocer la sentencia, Miriam declaró al diario UNO: “Podría haber sido peor (...) Mi papá ya tenía una condena en juicios anteriores de cadena perpetua, por lo que estos diez años no le mueven la aguja, pero lo que más me preocupó fue lo de mi mamá, que ya tiene 70 y una salud muy frágil. Menos mal que quedan instancias y la sentencia no está firme”.
La apropiadora murió dos años después, declarada culpable pero en libertad. “Fue una mujer muy querida, la acompañaron un montón, pero esos dolores íntimos la llevaron a sufrir en silencio, un miedo social por esta situación, por ese acoso”, dice su víctima, quien sigue compartiendo la vida con el viudo apropiador.
En el video de la Casa Rosada Miriam afirma que conoce a “muchos nietos” que no quieren saber su historia ni hacerse el ADN por el supuesto miedo a que se invada su intimidad y sean obligados a separarse de sus “familias”. Es curioso que ningún fiscal o juez la haya llamado aún para que declare todo lo que sabe, tanto de esas otras víctimas como de sus apropiadores.
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¿Memoria completa?
Miriam Fernández sabe lo que hicieron con ella, quiénes fueron y cómo lo hicieron. Si no sabe más, es porque no pregunta. Así y todo, presta su imagen y su voz para una operación de propaganda en favor de los verdugos de su verdadera historia. Con la excusa de la búsqueda de “memoria completa”, no repara en las consecuencias de su propio relato.
Se niega a llamarles apropiadores a quienes se quedaron con ella. Mucho menos sale de su boca la calificación de “genocida” para el exjerarca de la D2 mendocina. Y por si fuera poco, afirma: “Cuando encarcelaron a mi padre, encarcelaron a toda mi familia”.
Para los paladines de la “memoria completa” es clave atacar y desprestigiar a los sobrevivientes, familiares y organismo de derechos humanos. Y para eso sirve también el relato de Miriam. Dice que en los juicios vio a “testigos que terminaban de declarar y decían ‘¿por dónde paso a cobrar?'” Pero pese a que supuestamente mentían en un tema muy sensible para ella, no hizo ninguna denuncia.
Semejante intriguismo es un golpe muy bajo a tantos sobrevivientes que dieron testimonio arriesgando sus vidas, como Jorge Julio López y Silvia Suppo. A eso se suma que llama terroristas a sus padres biológicos y cuestiona sus militancias por “violentas”. Rara forma de concebir la violencia cuando se inocentiza, ama y absuelve a un perverso torturador y ladrón de bebés.
“Una vez que se pongan todas las cartas sobre la mesa y se cuente la verdad, vamos a aprender a sanar, como yo aprendí”, sentencia. Pero no exige al Estado que se abran todos los archivos de la dictadura para saber todo lo que pasó. Por el contrario, sugiere que “no podemos vivir veinte, cincuenta años tirándonos la pelota (...) ya está”. Rozando el esoterismo, duda: “Pienso si no habré venido a esta vida para conciliar una historia y otra”. Y clama: “Construyamos para adelante y sigamos viviendo”.
Mercaderes de la moral
Más allá de lo dicho, lo peor del video oficial del 24 de marzo no es el relato de Fernández, sino para qué lo manipuló el Gobierno. Ella asegura que sólo accedió a contar su “experiencia” y su “verdad”, sin ninguna intención política. Algo imposible estando de por medio apologistas del genocidio como Nicolás Márquez.
Pero, además, sus definiciones son muy políticas. Cuando dice que intenta ser “objetiva” y reconoce que “de un lado las fuerzas cometieron errores y del otro lado también”, se alinea con la versión libertariana de la Teoría de los Dos Demonios. Lo mismo cuando dice que “quiere paz”, “cerrar el pasado” y “mirar para adelante” a la vez que siembra intrigas sobre el largo proceso de búsqueda y recuperación de identidades robadas.
Erika Lederer, hija desobediente del genocida Ricardo Lederer, dice a La Izquierda Diario que “hay algo que está poco estudiado, es la existencialidad de las personas que fuimos criadas en el seno de familias de genocidas. El psicoanálisis demostró que un niño es hablado por los discursos paternos. Y esos discursos son muy difíciles de deconstruir luego de décadas de convivencia, en este caso, con tu apropiador. Tu existencia está marcada por el discurso hegemónico del milico”.
En ese marco, mirando su propia experiencia, afirma que “los hijos desobedientes de genocidas logramos deconstruirnos en relación al proceso valorativo del genocidio, pero no necesariamente en otras cosas. En ese marco, muchos no pueden evitar reproducir habitus construidos en esas familias de criminales”.
Lederer agrega que “en muchos casos de niños apropiados hubo resistencia al inicio, pero con los años fueron comprendiendo su historia y terminaron cambiando su posición, acercándose a las familias biológicas y alejándose de sus apropiadores. Todo lo contrario a lo que pasó con esta mujer, cuyo testimonio utiliza el Gobierno para hacer una verdadera campaña de apología del robo de bebés”.
“Se puede mentir, se puede imaginar, pero las Abuelas la encontramos y encontramos su origen”, dice Estela de Carlotto tras conocer el contenido del video del Gobierno. “Se dicen cosas para confundir a la sociedad. Nosotras nos manejamos con mucho respeto y vemos actitudes maravillosas de hermanos que se encuentran, donde uno fue robado y el otro no. Nuestra experiencia siempre busca el bien de la persona, si después esa persona saca otra impresión de su vida y de todo lo demás…”, deja picando el remate.
Quien escuche a la Nieta 127, a Miriam Poblete Moyano (Fernández, según ella), podrá creerle o no, pensar que es víctima del síndrome de Estocolmo o considerarla una encubridora de crímenes de lesa humanidad. Lo cierto es que la verdad histórica se aleja cada vez más de la historia que le contaron, que ella reproduce con aparente convicción y que los apologistas del terror usan en su beneficio. Nunca mejor dicho: ni olvido, ni perdón ni reconciliación.
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