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Protestar no es delito: consiguen el sobreseimiento de Raquel Blas en Mendoza
19 de mayo, por Libertades democráticas — Política, Edición Argentina, Mendoza, Libertades Democráticas, Criminalización de la protesta social, Política, Edición Argentina, Mendoza, Libertades Democráticas, Criminalización de la protesta social
La reconocida luchadora mendocina fue sobreseída en una causa que impulsaba el Gobierno provincial, que la tuvo imputada más de dos años por parte del fiscal Giunta, quien mantiene a más de 40 personas imputadas por defender el agua de Mendoza y oponerse a la minería contaminante
Foto: Diario Los Andes
Desde el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, informaron este lunes fue sobreseída Raquel Blas en la causa que impulsaba el Gobierno provincial de Cornejo por acciones de lucha contra el DNU 70/23 de Milei. "Tras 2 años de estar perseguida por el fiscal Giunta por orden política del gobernador Cornejo, hoy la Justicia Penal se pronunció por su sobreseimiento", aseguraron desde el CeProDH, quienes a través de Enrique Jasid encabezaron su defensa junto a Alfredo Guevara.
"Esta sentencia llega en un momento donde otras 40 personas están imputadas por orden del mismo Fiscal por defender el agua de Mendoza y oponerse a la megaminería contaminante.
La lucha en defensa de los derechos humanos y en contra la criminalización y represión de la protesta continua", completaron desde el organismo de abogados.<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Este fallo llega en un contexto donde en la provincia existen más de 40 personas imputadas por manifestarse y participar de diferentes movilizaciones en contra del plan de ajuste y saqueo de Milei y Cornejo. Las masivas movilizaciones contra la minera San Jorge y en defensa de la Ley de Glaciares, han sido brutalmente reprimidas por el Gobierno provincial, dejando en claro que, ante el evidente rechazo popular al extractivismo, Cornejo lo quiere imponer a los palos.
Las sistemáticas represiones han derivado en más de 40 mendocinos y mendocinas detenidas en distintas movilizaciones, quienes pese a recuperar su libertad, siguen imputadas y perseguidas por la Justicia y el Gobierno provincial.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>El sobreseimiento de Blas es una conquista en la lucha contra la represión y persecución que quiere imponer Cornejo y su Justicia contra las y los luchadores de toda la provincia.
Organizaciones sociales, políticas, de mujeres y de derechos humanos, de trabajadores, estudiantiles continúan denunciando la avanzada en la criminalización de la protesta social en la provincia y exigiendo la absolución de todos los luchadores y luchadoras.
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Huesos que gritan: la terquedad de los desaparecidos que aparecen para contar la historia
18 de mayo, por Sumario sin secreto — Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Abuelas de Plaza de Mayo, Detenidos desaparecidos, Desaparecidos y desaparecidas, Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Desaparición forzada, La Perla, Sumario sin secreto, Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Genocidio, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Abuelas de Plaza de Mayo, Detenidos desaparecidos, Desaparecidos y desaparecidas, Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), Desaparición forzada, La Perla, Sumario sin secreto
Para el negacionismo gobernante “no son 30 mil” y los genocidas fueron justicieros que, a lo sumo, se excedieron. Una idea que se apoya en las garantías de impunidad dadas por el Estado “democrático” en más de 40 años. Pero el aniquilamiento no pudo ser total. Como en Avellaneda, La Plata, Córdoba y otros lugares, los huesos aparecen y hablan.
A lo largo de la historia, particularmente desde el Holocausto perpetrado por el nazismo (donde hubo un registro audiovisual que retrató con crudeza ante el mundo aquella deshumanización sistemática), el hallazgo masivo de huesos trasciende la mera signnificación arqueológica. Cuando un esqueleto humano es encontrado en un lugar “antinatural” la sociedad se conmueve. Mucho más si se hallan, en un marco geográfico limitado, decenas o cientos de osamentas. Allí, inexorablemente, se vislumbra un trasfondo criminal con altas dosis de motivaciones políticas y sociales.
Pasa en México, cada vez que esqueletos de víctimas del llamado “narcoestado” son exhumados en zonas fronterizas con Estados Unidos. Pasa en tierras palestinas, cuando se descubren fosas comunes con cientos de esqueletos en hospitales de Gaza manejados por el Ejército genocida de Israel.
Pasó hace unos años en Argentina, con el hallazgo del cuerpo esqueletizado de Facundo Castro luego de meses de búsqueda tras ser detenido por la Policía Bonaerense. Y pasó hace días en Córdoba, ante el anuncio de la identificación de 17 detenidos desaparecidos cuyos restos fueron hallados meses atrás al lado del ex Centro Clandestino de Detención La Perla.
Huesos que gritan e impactan. Huesos que hablan y abren un abanico de preguntas. Huesos que cuentan y, así, sale a la luz otro trozo de nuestra historia. Mal que les pese a los apologistas del crimen de lesa humanidad, especialistas en mentir a la espera de que algo quede.
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Desde el río hasta el mar
Entre 1977 y 1978 quince cuerpos en avanzado estado de descomposición aparecieron desparramados en las costas bonaerenses que van desde Punta Rasa (unión del Río de la Plata con el Mar Argentino) hasta Villa Gesell. Los pormenores de aquel hallazgo, que incluyen el entierro en el cementerio de General Lavalle como “NN” (nomen nescio, “desconozco el nombre” en latín), fueron relatados en una crónica de La Izquierda Diario .
En 2004, medio siglo después de aquellos hallazgos, la Cámara Federal de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de Buenos Aires autorizó al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) a exhumar esos huesos. Tras meses de análisis, entre las y los identificados estaban los restos de Azucena Villaflor, Ángela Aguad, Esther Ballestrino de Careaga y Mari Ponce, fundadoras de Madres de Plaza de Mayo. También la monja francesa Léonie Duquet. Todas víctimas de los “vuelos de la muerte”.
Aquellas apariciones costeras (camufladas oficialmente de fatales “naufragios”) fueron producto de una “falla” en el procedimiento de eliminación de cuerpos basado en el traslado en avión de personas vivas, sedadas, y su arrojo en pleno vuelo sobre aguas profundas. Las corrientes fluviales y marítimas les jugaron una mala pasada a los genocidas y esos cuerpos gritaron su verdad desde la playa.
Pero otros cientos de cuerpos se encontraron en lugares que sí habían sido elegidos para tal fin, sin fallas ni mareas rebeldes. Cementerios municipales donde, pasados los años, todo resto óseo no identificado pasa a osarios generales y termina mezclado con infinidad de otros restos. Ex centros clandestinos con grandes terrenos disponibles, que los genocidas creyeron eternamente suyos. Y también descampados donde se inhumaban cuerpos en fosas clandestinas, muchas veces multifragmentados.
Hay tres lugares emblemáticos, por la cantidad de restos hallados y también por ejemplificar esas tres variantes mencionadas. Son el Cementerio de Avellaneda, el Destacamento Policial de Arana, en La Plata, y los descampados de Lomas del Torito linderos al ex campo de concentración La Perla de Córdoba.
Avellaneda
El Sector 134 era una especie de “patio” de la morgue policial ubicada dentro del Cementerio de Avellaneda. Un lugar de la Zona Sur del Gran Buenos Aires donde la Policía Bonaerense contaba hasta con una heladera forense. Buena parte de las personas asesinadas en “enfrentamientos” fraguados en esa ciudad, en Lomas de Zamora, Lanús, Quilmes o Ezeiza fueron enterradas allí como NN.
La morgue la administraban los jerarcas de la Comisaría Cuarta de Villa Domínico. El ingreso al Sector 134 era independiente del resto del cementerio, con lo que la Policía disponía a gusto de esas fosas comunes sin pasar ante la administración municipal.
El EAAF pisó por primera vez el Sector 134 a fines de 1986, a partir del dato de que allí podía estar enterrado el periodista Rafael Perrota, dueño del diario El Cronista Comercial que había sido secuestrado en 1977. Pero cuando empezaron a excavar comprobaron que, entre algunas fosas individuales había 19 fosas comunes con cientos de cadáveres acumulados. El caso obligó a los antropólogos a cambiar el método de excavación para preservar los restos lo mejor posible.
Estaban enterrados en las llamadas “vaqueras”, fosas de dos metros de largo por dos de ancho y dos de profundidad. En cada una podían enterrarse hasta treinta cadáveres. A lo largo de los años el EAAF logró individualizar 336 cuerpos recuperados del Sector 134. En los libros de la época confeccionados por la propia Policía decía que había sólo 245. Se mentían a sí mismos.
Entre los primeros restos identificados, gracias a los avances en los estudios genéticos, están los de Carlos Manfil, Angélica Zárate y Carlitos Manfil, el hijo de ambos, de apenas ocho años de edad. La historia de esa recuperación está relatada en Terre d' Avellaneda (Tierra de Avellaneda), un pionero documental de Daniele Incalcaterra estrenado en 1993 (disponible en Youtube).
Alejandro Incháurregui, uno de los funddores del EAAF, dice en el filme: “La desaparición forzada es una tortura permanente para el familiar, que no cesa a pesar del tiempo (...) La restitución de los restos es también una cuestión de salud mental de los familiares, por las consecuencias que implica”. Se puede agregar que también es una cuestión de salud mental colectiva.
La Plata
Conocido como el Pozo de Arana, el Destacamento de la Policía Bonaerense ubicado en 131 y 630 de La Plata fue uno de los centros clandestinos de detención emblemáticos de la capital provincial. Uno de los nodos del llamado Circuito Camps, por el que se estima que pasaron entre 1976 y 1978 más de 300 detenidos, la gran mayoría de los cuales siguen desaparecidos.
Las primeras investigaciones del Equipo de Antropología Forense en ese predio datan de 1996, cuando las leyes de impunidad del alfonsinismo y los indultos peronistas estaban plenamente vigentes. Las y los peritos empezaron a trabajar allí tras recibir testimonios de sobrevivientes que afirmaban haber visto ejecuciones y entierros clandestinos.
En 2008 se encontraron no menos de diez mil fragmentos óseos calcinados en los fondos del ex Pozo de Arana. Según los análisis posteriores, pertenecían a quince personas. También se detectaron unos doscientos orificios de bala en el paredón del fondo, posible escenario de fusilamientos.
Los genocidas tenían por costumbre ejecutar a balazos a sus víctimas e incinerar sus cuerpos. Para ello los tiraban en “capachas”, estructuras en las que eran colocados sobre gomas de autos y tapados con chapas. La combustión duraba horas y casi todo quedaba reducido a cenizas. El nivel de degradación de los restos impidió la extracción de muestras de ADN, por lo que (al menos hasta hoy) fue imposible identificar a catorce de esas personas.
Uno de los pocos sobrevivientes del Pozo de Arana fue Jorge Julio López, quien en septiembre de 2006 fue desaparecido por segunda vez luego de dar testimonio contra Miguel Etchecolatz. En su declaración, el viejo albañil de Los Hornos dio detalles sobre lo que vivió cuando los genocidas acumulaban cuerpos allí. A veinte años de su secuestro y desaparición, el Estado sigue sin decirle a la sociedad qué pasó con él.
Córdoba
En septiembre de 2025 arrancaron los trabajos del EAAF en los terrenos de Loma del Torito. Se trata de un campo lindero al predio donde, desde 1975, funcionó el Centro Clandestino de Detención La Perla. Uno de sus mandamases fue Luciano Benjamín Menéndez, a cargo del Tercer Cuerpo del Ejército. Todo dentro de la cordobesa Reserva Natural Militar La Calera.
A lo largo de tres meses los antropólogos rescataron un total de 1.200 piezas óseas y dentales humanas. Semejante nivel de fragmentación se debe a que los genocidas buscaron eliminar toda evidencia de las fosas comunes de La Perla ante el anuncio de que una delegación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA visitaría esa dependencia militar.
En 1979, con maquinaria aportada por el Batallón de Ingenieros 141, el Ejército removió suelo militar, compactó los cuerpos levantados allí y los trasladó extramuros. Loma del Torito fue uno de los destinos más a mano.
Los análisis genéticos comenzaron a dar frutos durante el verano, con la identificación de 29 personas detenidas-desaparecidas en La Perla. En marzo se anunciaron los nombres de once.
La semana pasada, en una conferencia de prensa en los Tribunales de Córdoba encabezada por el juez federal Hugo Vaca Narvaja, se difundieron otros 16 nombres y apellidos. Dos de los 29 se mantienen en reserva a pedido de las familias.Las y los identificados son Carlos D'Ambra Villares, José Brizuela, Alejandro Monjeau López, Sergio Tissera Pizzi, Elsa O´Kelly Pardo, Eduardo Valverde, Oscar Reyes, Ramiro Bustillo, Mario Nivoli, Raúl Ceballos Cantón, Cecilia o Adriana Carranza (alguna de las dos mellizas desaparecidas), Graciela Doldán, Juan Carlos Navarro Moyano, Gilberto Lellin D'Francesco, Adrián Ferreyra Rivero, Marta Ledesma Vera de Comba, Víctor Díaz Rinero, Ester Felipe, Luis Mónaco, Silvia del Valle Taborda, Nélida Moreno de Goyochea, José Luis Goyochea Escudero, Edelmiro Cruz Bustos, Rosa Godoy de Cruspeire, Carlos Cruspeire, Oscar Segura Reineri y Gustavo Torres. ¡Presentes!
En la conferencia de prensa (que de paso le sirvió a la gobernación de Martín Llaryora para pegarse una barnizada derechohumanista) Vaca Narvaja anticipó que “es probable que haya más identificaciones de éstas”. Por caso, entre todos esos huesos se encontró una medalla de Jorge Cazorla, reconocida por la sobreviviente y querellante Graciela Geuna, su compañera. Pero el juez aclaró que “depende de otros factores, no podemos dar probabilidades de cuántas personas más se puede llegar a identificar”.
En la conferencia les preguntaron a Silvana Turner y Carlos Bulo, los miembros del EAAF encargados de los trabajos en Loma del Torito, si hay algún tiempo estimado de finalización de las tareas de identificación de cientos de otras muestras recolectadas hace seis mese. “Hay material para ser procesado de la campaña del año pasado que está en laboratorio y en curso de avanzar con esos análisis”, respondió Turner. “No podemos decir cuándo vamos a tener recursos para seguir procesando lo recuperado, no puedo dar fechas, será cuando nos den los recursos y desde el Juzgado nos digan ‘vamos para adelante'”, complementó Bulo.
La tierra tiembla
Los ideólogos del negacionismo en Argentina dicen que las y los desaparecidos del genocidio de hace cincuenta años “no son 30 mil”. Cínicos, aceptan que “a lo sumo” sean los 8.961 registrados por la Conadep en el informe Nunca Más. Y se agarran de algunos patéticos ejemplos de corrupción o de cooptación estatal para sumar a su campaña un ataque al conjunto de los sobrevivientes, familiares, profesionales y militantes que hace décadas luchan contra la impunidad.
En ese mismo espectro, pretendidamente más conciliadores, están quienes dicen que “un sólo desaparecido ya es trágico” y así pretenden cambiar de tema. Otros piden “memoria completa”, un eufemismo para embarrar la discusión sobre los motivos de fondo del proceso genocida impulsado por el gran empresariado y el imperialismo yanqui.
Los negacionistas tienen un punto de apoyo para su propaganda reaccionaria. Las políticas desarrolladas por el Estado desde 1983, en relación al destino de las y los desaparecidos, fueron por definición retardatarias de todo proceso de esclarecimiento. Y, por ende, de castigo a los culpables.
Una de las consignas de la multitudinaria marcha del último 24 de Marzo, en el 50° aniversario del golpe, fue “¡que digan dónde están!” Hay quienes ven en esa formulación una exigencia sólo destinada a los militares, policías y demás ejecutores del terrorismo de Estado. Pero el significante cobra un mayor interés si se piensa en todos quienes a lo largo de este medio siglo tuvieron importantes resortes del Estado en sus manos y, sin embargo, poco y nada hicieron.
Un latiguillo repetido hasta el hartazgo por funcionarios de todos los gobiernos dice “hay que dejar actuar a la Justicia”. Si no lo dicen con hipocresía, de mínima saben que esa “Justicia” es, sacando contadísimas excepciones, un Poder Judicial corrupto, lleno de privilegios de casta al servicio de los poderosos y nada interesado en esclarecer horrores como aquellos.
Por eso, desde el principio, la casi totalidad de los hallazgos y descubrimientos del destino de parte de nuestras y nuestros desaparecidos fue producto de la lucha decidida de sobrevivientes y familiares que se agruparon para pelear colectivamente y se relacionaron con otros organismos, nacionales y del exterior, con abogados, profesionales de todas las disciplinas y organizaciones civiles.
Una de esas organizaciones es el EAAF, nacido en 1984 por iniciativa de estudiantes universitarios que se habían sumado al equipo de trabajo del antropólogo estadounidense Clyde Snow. Apenas terminada la dictadura, pese a no estar más al frente de la Casa Rosada, los genocidas seguían encaramados en el Estado. Por eso Abuelas de Plaza de Mayo convocó al experimentado forense para ayudarlas en la recuperación de sus nietas y nietos. Entre otras cosas, el hombre había hallado los restos del médico nazi Josef Mengele en tierras brasileñas.
En más de cuarenta años, las y los antropólogos hicieron excavaciones en un centenar de sitios ubicados en CABA y 16 provincias. Sobrevivientes, trabajadores de cementerios, vecinos y hasta algunos represores señalaron esos puntos de inhumación. En 92 de esos lugares se hallaron restos de cientos de personas. En todo el país, según cálculos actualizados, hubo no menos de 814 centros clandestinos de detención. ¿En cuántos de esos sitios hay huesos por recuperar? El Estado sabe, pero no contesta.
De entre todo lo hallado y analizado hasta el momento por el EAAF se pudo determinar el paradero de 1.681 personas, de las cuales ya fueron identificadas con nombres y apellidos 877. Un trabajo loable. Pero esas recuperaciones son una pequeña porción del total de las y los desaparecidos. Mucho más si se considera que una alta proporción de víctimas ni siquiera podrá ser hallada, ya que su destino final fue el fondo del río y del mar.
A lo largo de 43 años de “democracia”, el Estado y sus agentes siempre corrieron de atrás a la lucha de sobrevivientes, familiares y militantes de derechos humanos. El aporte oficial de nombres y apellidos, archivos, pruebas y evidencias siempre fue a cuentagotas, tras insistentes reclamos de querellas y fiscales. Así fue incluso en períodos de gobierno donde los derechos humanos fueron parte del discurso gubernamental. Mayoritariamente, el funcionariado se encargó de retrasar y entorpecer expedientes y juicios.
La segunda desaparición forzada de Jorge Julio López es un símbolo palmario. En veinte años, el Estado no investigó qué pasó con él. Menos aún imputó a alguien por su secuestro y eventual asesinato. De López aún no se hallaron ni sus huesos. Pero todos sus verdugos, que deberían contarse por decenas según la cadena de complicidades, caminan entre nosotros. Y muchos calzan uniforme.
Como tempranamente sentenció la recordada Adriana Calvo, la causa penal por la desaparición del albañil de Los Hornos es “un monumento a la impunidad”, construido y sostenido por los más diversos actores estatales. Incluso los más “progres”. Un flaco favor de esta “democracia” a los negacionistas y apologistas del genocidio. Tal vez por eso también griten los huesos, que tercamente siguen apareciendo.
EAAF | Foto Archivo Télam
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Bajo Flores, la represión vista desde los estudiantes: “hablan de esfuerzo y no dejan trabajar”
17 de mayo, por Gobierno y policía vs el barrio y su escuela — Sociedad, Edición Argentina, Educación, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Bajo Flores, Represión policial, Reforma educativa, Represión estatal, Represión, Villa 1-11-14, Sociedad, Edición Argentina, Educación, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Bajo Flores, Represión policial, Reforma educativa, Represión estatal, Represión, Villa 1-11-14
En esta crónica relato el día siguiente a la represión que llevo adelante el gobierno de Jorge Macri en el Bajo Flores, como parte del operativo “Tormenta negra”. ¿Cómo la vieron los pibes? ¿Por qué atacan al que labura? ¿Por qué atacan a nuestra escuela?
El jueves a la noche llegan por el grupo de whatsapp de la escuela las imágenes del brutal desalojo, de vecinas gritando desesperadas, de un montón de patrulleros y camionetas - de esas que transportan a los cabezas de tortuga - estacionados en la puerta de nuestra escuela. Primero que nada pensé en nuestros pibes y sus familias. Y después me puse a pensar cómo abordarlo al día siguiente que tenía clases, porque la escuela no es una isla.
Había pensado comenzar con la clase para que los chicos no pierdan contenido. En primer año justo tocaba el tema de las primeras civilizaciones humanas, de cuándo nos empezamos a separar del resto de los animales y su “ley de la selva” de todos contra todos. ¡Qué paradoja de la involución! ¿no?
Pero no fue posible. Mientras escribía “la Mesopotamia antigua…” como título del trabajo en el pizarrón escucho “¿viste la cantidad de ratis que hubo ayer? estaban re zarpados”. Y enseguida la mitad de los alumnos que tenía ese día empezaron a charlar de lo que había pasado, preocupados, dolidos.
Le pregunto al primero ¿vos que viste? “vi que la policía le sacaba las cosas a la señora que venden comida en Riestra y Bonorino. Le sacaron las cosas, tiraban la comida al piso, se las pisaban. No les avisaron nada ,fueron de una y le tiraron todo” ¿Y vos qué pensás de eso? “que está mal, porque la señora está vendiendo para llevar algo para su familia” ¿y de los policías que pensás? “y… que son re verdugos”.
“Yo vi a tres policías que estaban pateando en el piso a dos pibes que están en situación de calle y le gritaban que tenían que respetar la vía pública” y ellos no respetarán a nadie. Se sumó otro a contar, porque los pibes siempre quieren contar lo que les pasa, aunque no siempre encuentren donde o con quien. Y siguió “vi cómo sacaban a las señoras que venden comida” ¿y vos qué pensás? “que son todos re ortivas y que se vayan a la mierda”.
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“Yo también vi cómo le sacaba las cosas a las señoras. Para mí estuvo mal, porque le tiraron todo, le sacaron la parrilla y se la llevaron. Algunos llegaron a guardar algunas cosas antes que se las saquen, pero le sacaron todo”. ¿Y cuánto hace que esa gente estaba ahí? “hace banda” ¿y de qué van a vivir ahora? “y… no sé… en la calle”, dice mientras se encoge de hombros. Y luego se lamenta “ahora no vamos a poder comprar más comida, le sacaron la carpa que tenían en la calle, le sacaron todo. Yo le compraba pollo broster, arroz chaufa, salteado, todo eso… y ahora no van a poder vender más”.
Y la cosa siguió durante el recreo. Me acerqué a dos alumnas que no tenía su curso ese día y que sé que vivía en el barrio. Y les pregunté. “Yo vi cómo sacaban las cosas, hasta los carteles les robaron a la gente que trabaja ahí hace mucho” ¿y ahora qué van a hacer? “y van a estar más pobres, no van a tener ni para comer. Eso está muy mal. Son unos hijos de p***, piensan solo en ellos. La gente ahí está trabajando para que su familia pueda comer”.
Y siguen: “mi tía dijo que se enteró que quieren hacer una ley para sacar a todas las villas”. “sí, mi mamá me dijo lo mismo, me voy a quedar sin casa. Mi mamá iba a tener una reunión en ‘madre del pueblo' con los otros vecinos para ver qué hacer”
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Cuando terminó de hablar con las nenas se me acerca el preceptor que sabía que estaba haciendo esta nota y me dice “pregúntale a él”. Le pregunto a otro alumno que me cuenta “mi tío tenía una venta de pollo, un restaurante. Le sacaron el techo, el cartel, apenas alcanzó a salvar el horno que también se lo querían llevar”. ¿y vos qué pensás de eso? “Y que está mal, porque estaba trabajando. Se esforzó mucho para poder comprar todas esas cosas y se la sacaron”.
A la conversación se suma otro que desde la esquina de su casa también vio como le sacaban las cosas a la gente que trabajaba: “algunos tenían algo para vender en la vereda de su casa, para sobrevivir y le sacaron todo. Yo pienso que está mal, porque se esforzaron mucho para comprar esas cosas, y viene la policía y sin decir nada se las tira la basura”.
Termina el recreo. Volvemos al aula. Me toca ahora con tercer año. “Vamos a empezar a estudiar la Revolución Francesa”, les digo a modo de introducción: “el pueblo tenía hambre, el precio de los alimentos, subía los ricos y poderosos no pagaban impuestos. Y el rey se la pasaba dándose todos los lujos. Si protestabas te reprimían. Y si al rey no le gustaba tu cara, considérate detenido o muerto”. Ya habiamos estudiado el concepto de monarquía absoluta, y ahora veíamos como terminó. “¿Saben cómo terminó el rey? con la cabeza separada de su cuerpo. Deberían aprender los gobernantes a no hacer enojar a su pueblo”.
Nuevamente introduzco la clase y empiezo a escuchar los murmullos sobre el día anterior. Como ya el curso estaba trabajando me acerco a los del fondo que hablaban al respecto: “un amigo tenía un carrito con el que había montado una peluquería y se lo sacaron. Con eso le daba de comer a la hijita” ¿Y ahora de qué va a vivir? le pregunto. “Y… no sé capaz le conviene hacerse transa, porque eso es lo único que te da guita en serio en la la villa. Y si le das su parte de la policía sabes que estás tranquilo.”
Algún moralista se puede horrorizar de esta afirmación. Pero los pibes aprenden mucho más de lo que ven, que de lo que le dicen ¿Cómo quieren que aprendan “el esfuerzo del trabajo” si ellos ven que a quienes se esfuerzan la policía le roba sus elementos de trabajo y los basura, mientras a los transas nadie los toca? Esto es lo real, que gobierno tras gobierno les vienen enseñando, y que en la escuela tratamos de mostrarle otro camino, a contracorriente.
La noche anterior, cuando vi los vídeos me quedé pensando en lo que habíamos hablado en la escuela al mediodía, finalizando la jornada de mejoramiento institucional. Nuestra escuela, la media 3 del distrito 19 “Carlos Geniso”, cumple un rol muy importante en acompañar a los pibes. No le cierra las puertas a nadie. Vienen a estudiar, a encontrarse con sus amigos. Allí encuentran nuevos conocimientos, pero también alguien que los contiene, que los apoya, que intenta desarrollar sus talentos. Que lo valora mientras el gobierno, los medios y un sector de la sociedad les escupen la cara solo por ser “villeros”. Sí, como hizo la policía con las señoras que vendían comida en Bonorino y Riestra.
Y si eso ocurre en nuestra escuela es por la voluntad de los docentes que elegimos quedarnos ahí. Que hacemos un esfuerzo que va mucho más allá de nuestra tarea docente, y sin cobrar un peso extra por hacerlo. Pero ahora a unos tecnócratas que jamás pisaron una escuela (y menos una de barrio como la nuestra) se les ocurrió que eso tiene que cambiar. Con amenazas y chantajes (y con la complicidad de la conducción de la mayoría de los sindicatos, menos Ademys que nos acompaña) nos quieren obligar a romper todos los equipos de trabajo que nos costó años construir.
En una escuela a la que no todos los docentes quieren ir, quieren meter una reforma llamada “BA aprende”, impuesta desde arriba sin consenso de la comunidad educativa. Y que va a dejar a muchos de los docentes históricos de la escuela, que son una referencia para los pibes y para las familias, en la calle. Igual que a las señoras que vendían comida en Bonorino y Riestra.
Los criterios formales de los tecnócratas, los criterios de “orden” de los fachos, intentando aplastar los criterios humanos más elementales: la dignidad de la vida de cada uno de nosotros.
Pero el barrio sabe que puede contar con nuestra escuela y nuestra escuela sabe qué puede contar con el barrio ¿sabrán los gobernantes que no les conviene hacer enojar a su pueblo?
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El desalojo en el barrio, las camionetas policiales en la puerta de la escuela
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“Ser pobre no es un delito, Jorge Macri”. Vecinos de los barrios del operativo denuncian la violencia policial
16 de mayo — Sociedad, Edición Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Jorge Macri, Operativo represivo, Policía de la Ciudad de Buenos Aires, Sociedad, Edición Argentina, Ciudad de Buenos Aires, Libertades Democráticas, Jorge Macri, Operativo represivo, Policía de la Ciudad de Buenos Aires
Damos voz a los que sufrieron el operativo policial “Tormenta Negra” donde hizo show el Jefe de Gobierno. Denuncian violencia contra adolescentes; la destrucción de puestos y herramientas de trabajo esencial para mantener a las familias; detenciones arbitrarias, y persecución por vivir en el barrio.
Después del escandaloso show que montó Jorge Macri el anterior jueves frente a las cámaras en 16 barrios populares de la Ciudad, las víctimas siguen desmontando semejante escena. Escuchar los relatos de cómo perdieron todo y la violencia sufrida provoca más indignación contra el gobierno Porteño que busca mostrar fortaleza en su momento de mayor debilidad, donde hasta los de su propio partido lo critican.
Estudiantes secundarios del Bajo Flores fueron testigos de la violencia institucional, y referían:
“Vi como la policía tiraron todas las cosas de las personas que tiraban comida, y pisaban todas esas cosas. Gente que trabaja ahí hace años, y no les decían nada, y se las tiraban de una.”
“Pateaban a la gente en la calle. Tres policías pateaban a dos pibes en situación de calle diciéndoles que debían respetar la vía pública.”
“Le tiraron la parrilla a una señora que trabaja ahí hace años. Le sacaron todo”.
Un obrero de la construcción del mismo barrio expresaba que esto viene pasando en las “villas”, donde "todo el tiempo nos piden el documento y estamos prácticamente perseguidos constantemente.”
Verónica, vecina de la Zavaleta, relataba: “fue tremendo. Yo no sabía que estaba pasando en otras villas. Pero estaban como locos. Lleno de policías; se llevaban gente detenida, llevandose sus carros. También los autos. Tenían como 6 camiones con grúa para llevarse los autos. Estaban re zarpados, a las ocho y media de la noche, con escopetas y todo”.
Juana, vecina y promotora de salud del Bajo Flores expresaba: “Este gobierno no quiere a nadie de la villa. Más si sos migrante. Es discriminador totalmente. Todos los negocios que para la gente son su ingreso, su trabajo, y la forma de subsistencia de ellos y de toda su familia, lo levantaron. Desoldaron los puestos que la gente había hecho, con techos para la lluvia y el frío, y los levantaron. Y no se que va a pasar después. Se comenta que va a haber más desastres como este. Estamos todos pisoteados a merced de la voluntad de este gobierno".
Lorena, vecina del barrio Mugica conmueve con su relato, donde denuncia como violentaron a sus hijas adolescentes como en la época de la dictadura: "soy vecina del barrio Mujica y cartonera independiente hace 30 años, hubo un operativo increíble, no sé cuánto se gastó acá en el barrio Jorge Macri, trayendo 1.500 efectivos para atacar a los trabajadores del barrio. No podía salir a trabajar, no podía salir a comprar, no podía salir a nada, a nada. Quieren recortar nuestros derechos y es injusto. Yo soy mamá de 7 pibes, tengo 48 años y nunca en la historia vi lo que nos pasó anoche. Nosotras las mujeres como jefas de hogar, no podemos quedar sentadas en las casas, porque ahora la regla de Jorge Macri es no puede salir a defenderte en la vida, como independiente, si vas a la feria te la quitan, te secuestran las cosas, si vas a hacer comida para vender, como no sé, busca tampoco poder porque también te quita las cosas, si salis a rebuscarte a la ciudad o a trabajar claramente como cartonera independiente con tu carrito, tampoco te dejan. Nosotras las mujeres del Barrio Mugica decimos basta, esta represión es injusta."
Relata a su vez cómo vivieron ella y sus compaleros el operativo en sus casas: "A la noche vinieron acá, a la puerta de mi casa, nosotros somos un grupo de cartoneros de acá del Barrio Mugica de 80 familias donde nos resguardamos. Estábamos al costado de nuestros carros, que es lo que usamos todos los días para salir a trabajar a la ciudad y poder traer el plato de comida a nuestras casas y es el corazón de nuestra familia, y vinieron 20 efectivos policías, y nos atacaron rígidamente, violentamente, sin mediar palabra, que ponganse contra la pared, ponganse contra la pared. Yo acaté la órden, porque uno dice es la policía, el que me tiene que cuidar y el que me tiene que respetar y no lo hizo, a mí me pusieron contra la pared, yo estaba con dos de mis hijas que son menores, una tiene 12 y la otra 14, las separan a ellas, y empezaron a golpearnos. Cuando me giro la cabeza para mirar para atrás porque estaban mis hijas, veo que las que las estaban revisando, les estaban haciendo levantar las remeras, las camperas, los buzos que tenían para mostrar sus partes íntimas, porque ellos lo decidieron así. Les digo que ellas son menores, que no las pueden tocar, que son mis hijas, y me agarran, me tiran al piso, no me dejan medir palabra de nada. Dicen que para ellos es un trabajo y que están haciendo como se le ordena, y acá el que ordena este circo es Jorge Macri".
Y agrega "Quiero repudiar lo que pasó a anoche acá en el barrio porque no solo nos tocó a los cartoneros, que nos vinieron y nos atacaron. Hubo dos vecinos detenidos porque no tenían DNI y por ser pobre y vivir en un barrio popular está mal para ellos. Somos trabajadores y trabajadoras acá en el Barrio Mugica. Quiero aclarar bien a Jorge Macri, no es la forma. Y yo tengo 48 años y me acuerdo que era chiquita y a mis padres le hacían lo mismo. En época de dictadura venían, te ponían contra la pared, te denigraban violentamente y sin decir nada, te atacaban. Anoche viví lo mismo y me duele, me duele mucho, tengo mucha bronca, mucho dolor, porque me hizo acordar en esa época, en el tiempo de la dictadura, cuando le hacían lo mismo a mis padres, bueno, anoche le tocó a mis hijas, lo mismo le tocó a mis hijas. Para mí, es un dolor muy grande como mujer, porque no estamos en la época de la dictadura y que decirle al señor Jorge Macri, que estamos en una época donde ganamos muchos derechos y que los ciudadanos tenemos muchos derechos y que parece que no los conoce. Porque yo pienso porque acá en un barrio popular, soy igual que cualquier ciudadano de la ciudad,Tormenta negra, nos viene a poner Jorge Macri al barrio 31. Está muy equivocado, somos trabajadores, todos salimos a trabajar todos los días porque él no está acá con nosotros, él no es el que agarra y sale a la 5 de la mañana a trabajar por dos mangos".
También se denunció como fueron a buscar directamente a cooperativas de trabajo para destruir los lugares: “Mi nombre es Mónica, soy vecina del barrio de Fátima, una villa de la Ciudad de Buenos Aires. Vivimos acá hace más de 40 años con mi familia. Anoche, a las 8 y media de la noche, vino gente del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, así como también personal de la policía de la ciudad y otros efectivos que no sabemos quiénes son porque vinieron con capuchas, tenían cascos, armas largas. No sé, era como si fuera un circo mediático, parece ser. Entraron a la cooperativa de la cual soy parte, somos una cooperativa gastronómica que funciona en el barrio de Fátima. Nosotros nos sentimos muy mal porque no estábamos haciendo nada que tenga que ver con algo delictivo. Solamente trabajamos, también militamos en una organización social. Sabemos que nos están vigilando porque eso es algo que ellos dijeron, que sabían que acá funcionaba un local de venta de comidas y por eso vinieron diciendo que tenían que allanar seis lugares, entre ellos era la cooperativa nuestra, porque tenían dirección además".
Mónica también denunció que "Esto no es un operativo al azar, que esto es algo que se digitaliza desde el gobierno de la ciudad de Buenos Aires con el señor Macri amedrentando a los vecinos de los barrios populares. Nosotros que solamente queremos trabajar, ellos nos prohíben esto que es algo de un derecho elemental, que es el trabajo. No estamos infringiendo ninguna ley, incluso nuestra cooperativa cuenta con matrícula del INAES, pagamos impuestos, tenemos cuenta en el banco, o sea, no tenemos nada que ocultar, pero aún así ellos decidieron clausurar nuestra fuente de trabajo y no avanzaron más porque los vecinos del barrio, al igual que nosotros, defendemos la fuente de trabajo y a esto nos plantamos diciendo que no. Eso es algo que no podemos entender hasta el día de hoy, estoy muy nerviosa, los cooperativistas también. Sentimos que no se deba tratar así a la gente que quiere trabajar en los barrios, que estamos en una situación económica y social muy difícil, que muchos de nosotros tenemos hasta dos y tres trabajos para poder llegar a fin de mes y hoy el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decide cerrar locales que están trabajando hace años en el barrio. Esto es algo importante, que todo el barrio nuestro defiende las fuentes de trabajo y no queremos que estos tipos de operativos se vuelvan a suceder en nuestros barrios populares. También nosotros estamos en contra de toda acción de violencia y amedrentamiento a toda persona que vive en un barrio popular o en una villa de emergencia”.
David, vecino del barrio Padre Carlos Mujica, nos cuenta todavía asombrado: "Vivo hace 40 años en el barrio, lo que pasó ayer no lo vi nunca, No sé si llamarlo redada, racía, pero sí fue claramente una abuso, una violencia institucional sin precedente hacia los barrios populares, donde se encuentra el 90% de la gente que viven los barrios populares, son gente obrera, gente de trabajo, a mí me gustaría invitarlo a Macri viene que venga un día a las 6 de la mañana, pero dudo que se levante a esa ahora, a ver la gente y la cantidad de gente, la muchedumbre que sale a buscar el pan a trabajar. Este tipo entiendo que no tiene ningún grado, ningún título de grado, es una persona que cayó y fue puesta a dedo como Jefe de Gobierno, por ser primo de Fulano y la verdad que nosotros lo que estamos padeciendo, todos los ciudadanos de la capital federal, es el abandono. Es la mala gestión que tiene esta persona, la ignorancia y violentando totalmente la constitución que se arroga, facultades que no le corresponde, porque acá se están violentando claramente, se están violentando los derechos de todos los ciudadanos de los barrios populares, no solamente los barrios populares, vemos que en esos operativos que hace que son operativos de desalojos de familias entera, les secuestran la mercadería, la gente que está trabajando".
Y agregó que el de Macri "Es un gobierno anti-trabajador, un gobierno antiobrero. Hay una persecución hacia los trabajadores, pero no hacia Galperín, hacia los grandes evasores, no hay una persecución, es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Es claramente lo que está pasando y ayer vino con todo un despliegue mediático, se gastó millones y millones y millones de pesos calculo, por un helicóptero. ¿qué diga a ver cómo fue el operativo, cuántos kilos de cocaína secuestraron, pero la verdad es que no hubo nada. Hubo una detención por resistencia de la autoridad que es un vecino que estaba parado ahí y lo vieron y por portación de cara, estas cosas están pasando y es muy grave que no se denuncien estas cosas. Por eso nosotros estamos pidiendo la interpelación del Jefe de Gobierno en la legislatura de Buenos Aires".
Lucy, empleada textil del Bajo Flores manifestaba que “vino la gendarmería y la policía e hizo sacar los puestos. Había puestos que estaban hace tiempo, hechos de melamina y cosas así y dijeron que no podía haber cocinas en la calle, y que tienen que pasar colectivos, aunque no pasa ninguno actualmente. Siguieron destruyendo esas casuchas, más que nada donde venden comida. La gente se opuso, pero siguen levantando. Dicen que había hasta centros de odontología y de farmacia. Era el sustento de la gente".
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"Aprendí a ser formal y cortés": la primavera rota del Dámaso Centeno
16 de mayo, por La lucha por memoria, verdad y justicia — Edición Argentina, Libertades Democráticas, Charly García, Sui Generis, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Charly García, Sui Generis, A 50 años del Golpe, 50 años del golpe de Estado de 1976
Exalumnos del colegio reconstruyen la memoria de sus 13 compañeros detenidos-desaparecidos. Entre las canciones de Charly García y Nito Mestre (también egresados del colegio), los campamentos solidarios y las volanteadas, el Ejército los vigilaba y amenazaba. A 50 años del golpe, cuentan cómo impusieron una placa recordatoria dentro del colegio… a pesar de que los coroneles con cargos directivos hicieron todo para impedirlo.
El Dámaso Centeno está en el corazón de Caballito. Fue fundado a fines del 1800, después de la Guerra contra el Paraguay, para albergar a los hijos de huérfanos de militares. Con el tiempo, la escuela se nutrió de una clase media civil, y ya en los años 60 llegó a tener magisterio.
Por sus aulas pasaron Charly García y Nito Mestre, los dos de Sui Generis, y su canción "Aprendizaje" sonó como himno de protesta en aquellos años. Pero no todo era música. Esa generación creció haciendo campamentos solidarios en la montaña, escribiendo poemas en la revista Descomprimiéndonos y viendo cine debate los viernes a la noche. Así nacieron la solidaridad, la amistad y el compromiso social… mientras el Ejército vigilaba y amenazaba.
A 50 años del golpe, hablamos con algunos de los protagonistas que lograron algo que parecía imposible: enfrentar a los coroneles que seguían con cargo en el colegio y colocar una placa recordatoria. Se trata de Lucía, Emilio, Oscar, Daniel y Pablo (exalumnos), junto a María Inés (esposa de Rodolfo) y Daniela (hija de Jorge). Rodolfo y Jorge fallecieron, pero fueron pilares de esa lucha durante más de diez años. Ellas y ellos cuentan la historia de aquellos años y la batalla por la memoria.
A continuación, la lista de los 13 detenidos-desaparecidos del Dámaso Centeno:
Juan Eduardo Estévez (20), Eduardo Giorello (20), Alejandro Capobianco (20), Sergio Nocera (21), Juan Carlos "Manolo" Cubas (19), María Luz Vega (19), Eduardo Vega (28), Alejandro Almeida (hijo de Tati) (20), Margarita Erlich (25), Eduardo G. Poyastro (25), Patricia Chait (23), Néstor Marcelo Elías (23), Rodolfo Sarmiento (22).-¿Cómo era el Dámaso en los 70? ¿Qué tenía de particular que fuera un "instituto militar"? Los lazos de amistad, el contexto político y social.
-Lucía: A mí lo que me unió con los míos no fue el aula, sino el campamento. Ahí socializamos todos, de distintas divisiones. El colegio quería dividirnos: si había un grupito de amigos, mejor separarlos. Además, hacíamos otras actividades: íbamos, por ejemplo, con el cura que lo organizaba, a trabajar en una escuelita en González Catán, a arreglar, a pintar. Eso también era importante para muchos, y ahí se tejieron todos estos lazos. Todo esto era a contramano de lo que era la dirección del colegio. En tercer año, por ejemplo, a los comerciales no los mezclaban con los bachilleres; separaban las divisiones. Así llegué a cuarto y quinto año, que fueron horribles. Todas mis relaciones que quedaron fueron a través del campamento. Con mi compañera, éramos dos solitarias en un grupo espantoso, un clima de opresión. Aunque todavía no había empezado el proceso (era 1975), había algunos que eran directamente nazis: a una compañera judía le dibujaban la esvástica y le decían "a vos te voy a hacer jabón". Se vivieron cosas muy feas. Nuestro lugar de escape era el campamento. La escuela fue terminarla y huir. Nunca más supe de la escuela, no entramos más. La relación era esta, y a partir de ahí se dio toda esta trama.
-Oscar: El Dámaso era un liceo militar mixto (avanzado para su época conservadora), con autoridades del ejército y un coronel retirado al mando. Tenía un cura capellán que nos organizaba campamentos sociales y el trabajo en una escuelita de González Catán.
-Pablo: Y acuérdense que de acá egresaron Charly García y Nito Mestre. Cuando Charly canta "Aprendí a ser formal y cortés, cortándome el pelo una vez por mes", habla del Dámaso. Tenías profesores excelentes que te abrían la cabeza, pero si mostrabas rebeldía, te ponían amonestaciones. O si una compañera tenía la pollera arriba de la rodilla, era terrible. La canción de Sui Generis era nuestra protesta. Nosotros veníamos del Cordobazo. En el 71-72, en el Dámaso, nos juntábamos en el baño todos los varones, hijos de militares y civiles, y cantábamos la Marcha Peronista.
“El Dámaso" son nuestros compañeros, no la institución. Porque la institución era la canción de Sui Generis. Entramos con el Cordobazo y salimos con la vuelta de Perón. Había milicos en el colegio y milicos en el poder, pero también había efervescencia; éramos contestatarios. Lo reflejábamos en la familia, discutiendo con nuestros viejos. Mi viejo era radical, mi mamá peronista, mi abuelo había participado en la resistencia peronista al golpe de la fusiladora. Éramos rebeldes, era la juventud rebelde de los 70. Cuando teníamos 17 o 18 años dijimos: '¿Qué podemos hacer para los demás? ¿Por qué no vamos a alguna villa?' En esa época estaba la villa de Retiro, con el padre Mujica. Juntamos ropa y todo lo posible.
Exalumnos del Dámaso Centeno siguen luchando por memoria, verdad y justicia por sus compañeros detenidos-desaparecidos pic.twitter.com/IVwrrXtnz9
— Rosa Quiara (@rosaquiara) May 15, 2026
<script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script>-Emilio: Nosotros ingresamos al Dámaso Centeno en 1970 (Lucía y otros en el 71). En esa época, con un gobierno militar, el Dámaso se veía como un colegio con mucho orden, mucha disciplina y muy obediente. Muchos de nosotros veníamos de familias civiles: mi padre era socialista demócrata y mi madre, exiliada de la guerra civil española, republicana de izquierda. Sin embargo, nos mandaron a un colegio de clara prosapia militar. ¿Cómo se entiende? Culturalmente, el Dámaso estaba considerado un colegio muy serio, muy correcto, muy disciplinado. Después pasó lo que pasó.
-Lucía: Para mí, más que lo militar, era porque daba una educación mejor; no dependía de la iglesia. Por eso nos enviaron a los 13 años. Además, no era caro.
-María Inés: A lo mejor los padres de ustedes, en relación a la escuela pública, tenían algún prurito. Yo iba al Normal 4 y el Dámaso siempre se nombraba en función de la diferencia entre la escuela privada y la pública.
-Emilio: Es muy probable, pero es evidente la contradicción de mis padres; siendo mi madre exiliada de la República Española, eligieron ese colegio. Es loco.
-Lucía: Y porque estábamos en el barrio. Todos éramos de Caballito.
-Daniel: A mí me quedaba a tres cuadras de casa. Mi mamá conocía al regente de ese entonces, Bota, y dijo: 'Vos con 12 o 13 años no decidís nada'. No había conciencia de que fuera por alguna razón especial. Fui porque estaba cerca y porque le recomendaron que era un colegio bueno.
La revista, la rebeldía y la amenaza: "¿Quieren terminar en una zanja?"
-Hablemos de sus compañeros desaparecidos, lo que quieran contar. ¿Cómo les gustaría que los recordemos? ¿Qué recuerdos personales tienen de ellos? ¿Cómo y cuándo se enteraron de su compromiso político? ¿Se hablaba de eso en el colegio?
-Pablo: La militancia fue fuera del colegio. Ya habíamos egresado. Terminamos el colegio con la inquietud de llevar nuestros campamentos y nuestra actividad social hacia los barrios. Después siempre hubo una vanguardia entre nosotros que se ligó políticamente, y algunos simpatizamos con la juventud peronista. Fue todo un movimiento grande y juvenil.
-Daniel: Nosotros egresamos en el 74. Nuestra apertura a la militancia fue en el 75, no antes. No empezó en el colegio. Ni los chicos desaparecidos tampoco. Empezamos todos juntos en el 75 a militar de alguna manera, con trabajo social. Algunos en la facultad, otros en grupos separados.
-María Inés: La militancia empezó en el 75, en el 76. Yo terminé en el 76 la escuela. Las desapariciones de algunos compañeros fueron ahí, en el 75 y 76.
-Pablo: Quiero contarles una anécdota de Manolo (Juan Carlos Cuba). Volvíamos del equipo de fútbol. Yo estaba en quinto, Manolo en cuarto. Sentados en el colectivo, le digo: 'Uh, qué lindo, mirá qué lluvioso. ¿A la tarde nos vemos en una película?' Y Manolo me dijo: 'No, Pablo. Yo a la tarde voy a la villa con mis hermanos, donde enseñamos a leer y escribir y hacemos actividad social'. Yo eso lo recuerdo. Me dejó helado. ¡El sopapo que me dio!
-Oscar: Yo egresé en el 76. Algunas cosas empezamos a intentar como parte del grupo que quedó adentro del colegio. Ya empezaba a ponerse más pesado: había guardias militares armadas adentro, y propaganda bien procesista, previa al golpe, con volantes de "Agente de Moscú", consignas contra la militancia. Hicimos algunas acciones de propaganda en contra. Pegábamos carteles que hacía mi hermano (dibujante). Decían, con la cara de un chico del Dámaso, 'Sácate la venda, basta de pelo corto, libertad a la chica con la falda', y varias reivindicaciones más, hasta la posibilidad de un centro de estudiantes. Otra: se hacían clases de teatro en inglés. Nos aprovechamos para volantear en la puerta: 'Abajo el imperialismo, basta de clases de obra de teatro en inglés'. Unas acciones chicas, con María Luz Vega (detenida-desaparecida) también.
-Lucía: Después de una de esas volanteadas nos agarró Petrina, el regente. Yo no me olvido más, nos dijo: '¿Cómo hacen eso ustedes? ¿Qué quieren? ¿Terminar en una zanja, como otros?' Era el 75, todavía no estaba el proceso, pero ya habían empezado a levantar gente. Desde el 74 había empezado.
-Daniel: Yo me acuerdo de que a Juancho (Juan Eduardo) y a mí nos acusaron, y nos dijeron más o menos lo mismo que comentas de Petrina. Ya estábamos con la revista Descomprimiéndonos. Nos dijeron: 'Bueno, muchachos, fíjense lo que hacen'.
Primera acción militante fallida
-Oscar: Sí, octubre del 75. Fue mi primera acción militante fallida. Era el acto inaugural del Partido Peronista Auténtico en Huracán de San Justo. Los hermanos mayores nos empujaban, nos abrían la cabeza. En el caso de María Luz, sus tres hermanos mayores (de 8 y 10 años más) eran militantes de la JTP. Fuimos con mi hermano Eduardo y Juan Eduardo. Éramos cuatro o cinco. Cuando llegamos, proscribieron el partido. Ya empezaba la captura de Framini, el referente de la parte legal de la izquierda peronista, que intentaba participar electoralmente en un proceso donde ya estábamos sentenciados. No habíamos interpretado correctamente lo que significaron el golpe del 73 en Chile, el del 73 en Uruguay y el del 74 en Bolivia. Estábamos aislados. Seguimos acelerando, pensando que podríamos dar vuelta a la historia de Latinoamérica. Éramos muy jovencitos, pero un poco esa era la idea.
-Pablo: Yo quería contar una anécdota de Juancho. Él entra a trabajar en Jabón Federal. Nosotros militábamos rodeando la militancia central de Jabón Federal en La Matanza. Juancho no era delegado, pero era uno de los activistas. La comisión interna de Jabón Federal, creo que desaparecieron a todos. El 27 de noviembre de 1975, en la plaza de San Justo, se juntaron todas las fábricas y cuerpos de delegados de La Matanza contra el pacto social de López Rega e Isabel. Terminó todo a los tiros. La burocracia sindical, la Triple A y el gobierno disolvieron el acto. El verdadero objetivo del golpe militar fue destruir esos cuerpos de delegados, esas coordinadoras embrionarias que surgían en La Matanza, Acindar, Rosario y Córdoba.
Los miedos de los familiares de los desaparecidos
-Pablo: Martín (hijo de Néstor y Susana, [1]) a los seis años, reconoció la cara de sus padres a través de una foto carnet. A los 10 años pensaba que sus padres se habían ido a otro país, porque eso le dijeron sus abuelos. Sin embargo, una maestra de 4° le explicó lo que había pasado en el país. Después reconstruyó su historia: sus padres militaban en el PRT, se conocieron en Arquitectura y comenzaron su trabajo barrial en la Cantábrica, una fábrica metalúrgica de maquinarias agrícolas donde laburaban 15.000 obreros. La militancia era alrededor de la fábrica. La Cantábrica la cerraron los milicos, producto de la política de Martínez de Hoz. La mayoría de los 15.000 quedó en la calle. A lo que voy: en aquella época había coordinadoras fabriles. El que no era delegado militaba alrededor de la fábrica. Y a eso vinieron los milicos: a detener toda esa vanguardia proletaria, estudiantil, de cuerpos de delegados, para aplicar el plan de Martínez de Hoz.
La lucha por la placa: renuncias, coroneles y Tati Almeida
¿Cómo fue el proceso para poner la placa? Leí que no les fue fácil
-Oscar: Para nada. Presentamos una nota en 2006, en el gobierno de Néstor Kirchner. El director (un coronel) se puso pálido. Después renunció "para no manchar las paredes del colegio con nombres de guerrilleros". Otro coronel nos decía: "¿Ustedes están seguros de que no están viviendo en Europa?" y quería que solo pusiéramos a los que estaban en la CONADEP.
-Daniel: Ese coronel nos decía: 'Ustedes me piden poner a Juan Eduardo Estevez y a Eduardo Giorello, pero ¿ellos están en la CONADEP?'
-Oscar: Le tuve que explicar que una madre, por miedo, a veces no denuncia. La mamá de Juancho tuvo miedo durante 30 años. Le habían desvalijado la casa dos veces, le apuntaron con una ametralladora a sus hijas de 10 y 15 años. No se animaba ni a nombrarlo. Pero en nuestra lista estaba. Y en la placa iba a estar. Cuando llamé a Tati Almeida para avisarle del acto, me dijo: '¿Por qué no viniste antes? ¡Mi hijo fue al Dámaso y yo no sabía que estaban organizando este homenaje!'. Nosotros tampoco teníamos ese dato, pero al final vino a bancar. En 2011 hicimos otro acto, el 16 de septiembre (Día de la Noche de los Lápices), para homenajear al hijo de Tati y a otro compañero. La placa finalmente se puso.
-Emilio: El día del acto, el coronel Gallardo (el nuevo director) estaba paranoico. Quería pedirle el documento a todos los que entrábamos. Nos decía: 'A esto le tenía miedo, a esto, que cualquiera puede entrar'. Y nosotros dijimos: "Puertas abiertas, Gallardo, puertas abiertas".
El reencuentro y el centro de estudiantes
Después del golpe y durante años, ¿hablaron de esto o hubo silencio? ¿Cuándo y cómo empezaron a reencontrarse? ¿Qué los impulsó a romper el silencio y hacer el homenaje?
-Pablo: Contacto siempre hubo entre un grupo reducido. Pero cuando se cumplieron 30 años del golpe, decidimos tirar una red: volver a los viejos teléfonos, tocar timbres. Fue una marcha muy grande. Pero el primer gran reencuentro fue el 11 de octubre de 2006. Ahí nos volvimos a ver las caras algunos que no nos veíamos desde el secundario.
-Emilio: El 11 de octubre de este año (2026) cumplimos 20 años de la creación de nuestro grupo de memoria, que se creó el 11 de octubre de 2006. Ya pasaron 20 años. La primera vez que nos juntamos y nos vimos las caras (algunos no nos veíamos desde el final de la secundaria).
-Oscar: A partir de ese acto, empezamos a marchar todos juntos los 24 de Marzo. Antes íbamos por separado, cada uno con su organización. Ese fue uno de los triunfos del grupo de memoria: recuperar la amistad y la lucha colectiva.
Y después, en 2013, un pibe que se acercó en una marcha nos dijo: "Yo soy del Dámaso, quiero armar el centro de estudiantes". Lo ayudamos a hablar con el ministerio. Sacaron una resolución que permitía la constitución de un centro de estudiantes en el Dámaso y en todos los liceos militares. Eso funcionó hasta 2017, hasta que llegó Macri y se hizo imposible entrar.
-Daniela: Recuerdo que mi viejo me contó que se propuso que los centros de estudiantes como el del Dámaso se extendieran a los liceos militares, y que todos pasaran a la órbita del Ministerio de Educación.
También quería contar dos hechos ocurridos el año pasado. El primero fue en febrero, cuando los docentes del Dámaso hicieron —por primera vez— un paro exigiendo un aumento salarial. El grupo Exalumnos y Amigos del Dámaso Centeno por Memoria, Verdad y Justicia acompañó el reclamo, sumándose al abrazo solidario con los docentes en lucha.
El segundo hecho ocurrió en marzo del mismo año. El director del Dámaso, el coronel Juan Vilarullo, subió un meme a su estado de WhatsApp vinculando el alfajor Jorgito con Jorge Rafael Videla. A partir de eso, se organizó —junto a otros organismos de derechos humanos— un acto en repudio al rector en la puerta del colegio, exigiendo su renuncia.
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-Daniel: A lo largo de los años, en muchas marchas, mucha gente se acercó a preguntarnos por las fotos. Las veían y preguntaban: '¿Cómo es esta historia?'
La memoria como legado
-Para cerrar, me gustaría escuchar cómo recuerdan a sus compañeros. También a vos, Daniela, que sos hija de un exalumno del Dámaso que también luchó toda su vida por Memoria, Verdad y Justicia. ¿Qué te dejó eso?
-Daniela: Escucharlos a ustedes es diferente a estudiarlo en la facultad. El número "30.000" está bien, pero se vuelve abstracto. En cambio, escuchar de cerca las historias de los compañeros de mi viejo, de la gente que vivió con ellos... eso te queda. Nos queda el amor. Ante el avance del negacionismo, sería muy importante acercar a gente como ustedes a las escuelas, a las facultades, para contar estas historias. Y gracias por invitarme a ser parte de esta entrevista.
-Emilio: La última vez que vi a Capo (Alejandro Capobianco) fue a mediados del 77 en la Facultad de Ingeniería. Ambos estudiábamos Ingeniería Química en el Pabellón de Industrias, alrededor de las ocho y media de la noche. Hacía mucho que no lo veía. Él estaba clandestino desde hacía tiempo. Me dio la mano —porque entonces los varones no nos dábamos un beso, ni siquiera nos dábamos la mano en público—, me miró y me dijo: "Cuídate". Y se fue. Durante muchos años me desperté escuchando esa palabra: "Cuídate". No me olvido más.
-Lucía: Uno se queda con ganas de compartir muchísimas cosas. A María Luz la vi por última vez para su cumpleaños, en un bar. Ella me llamaba, pero me decía: "No me llames, yo te llamo". Cuando podía, me llamaba y nos encontrábamos. Nos vimos para su cumpleaños, un mes o dos antes de su desaparición (entre enero y marzo). Eso uno extraña: las ganas de haber compartido más cosas.
-María Inés: Yo evidencié un abroquelamiento en las reuniones para llegar al acto del 11 de octubre de 2006. Mi compañero era mi transmisor de esa época, donde yo no militaba. Hay cosas que te enteras mucho después, por el dolor. Hay amor y un dolor que no es sencillo sacarse de encima. Como docente, sé que sigue siendo difícil transmitirlo en las escuelas porque la teoría de los dos demonios sigue flotando. No es cuestión de valentía, sino de convicción: la dictadura fue lo peor. Institucionalmente, hay debilidades: muchos directores dicen "fueron de los dos lados". Por eso es importante seguir sosteniendo el 24 de Marzo y las fotos. Sin fotos, es una historia sin imágenes. Con las fotos, tenés ahí que estos estuvieron y siguen estando.
-Pablo: Martín, en el libro Huellas, primero reivindica la militancia de sus padres, que luchaban por una Argentina mejor. Y al final dice: 'He soñado infinidad de veces con mantener una charla con papá y estrecharme en un abrazo con mamá. Ya llegará ese momento. Anhelo el día en que suene el teléfono para decirme: 'encontraron sus restos'. Ese será el día que cerraremos este círculo de indefiniciones, de vacío, de ausencia. Ese será el día de poner en su lugar su descanso. Ese será el día de decirle a mi hijo: 'Aquí descansan tus abuelos, vamos y dejemos una flor''.
-Oscar: Creo que lo que nos mueve es reivindicar dos cosas. Primero: que no solo fueron víctimas del terrorismo de Estado. Fueron pibes que fueron felices en el Dámaso, que de esa felicidad surgieron sueños de un mundo mejor, en un momento de grandes cambios: Vietnam nos mostraba que el imperialismo podía ser derrotado. Soñaron con un mundo sin desigualdad, donde la moneda de cambio no sea el dinero, sino el amor. Esa búsqueda sigue vigente. Segundo: queremos que no se pierdan sus nombres. Por eso hicimos la placa, por eso seguimos marchando.
-Pablo: No es una imagen de derrota la de nuestros amigos. Fue una enseñanza de lucha. Ellos dejaron el germen, la posta. Y nosotros la retomamos en el 2006 y no la soltamos más.
Daniel: Simplemente: lo que hacemos es porque no los hemos olvidado ni los vamos a olvidar. Ellos están presentes dentro de nosotros. Y lo que nos espera del futuro, seguir luchando y peleando, también lo vamos a hacer por ellos. Ahora nuestros hijos nos acompañan en las marchas.
[1] También se llevaron a sus familias y compañeros de lucha:
María Georgina Cubas (hermana de Juan Carlos Cubas, promoción 1975, 22 años, 21/4/77) · Ricardo "Coco" Pérez (cuñado de Juan Carlos Cubas, promoción 1975, 26 años, 21/4/77) · Eduardo Leguizamón (hermano de Oscar Leguizamón, promoción 1976, 26 años, 5/2/77) · Susana Serra Mignone (esposa de Néstor Marcelo Elías, promoción 1969, 24 años, 13/6/76) · Graciela Clarisa Monari (esposa de Eduardo Guillermo Poyastro, promoción 1969, 26 años, embarazada 3 meses, 25/11/76) · Diego "Turco" Beigbeder (hermano de Gonzalo Beigbeder, promoción 1984, 24 años, 2/12/76) · Sergio Vicente Colombo (hermano de Silvana L. Colombo, promoción 1985, 19 años, 26/8/77, cumplía el servicio militar) · Alicia Margarita Guerrero (novia de Alejandro Capobianco, promoción 1974, 18 años, 24/2/78Fotos: Mica Pawlik




