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De la NOCHE de los LÁPICES a JULIO LÓPEZ | Carlos "Titín" Moreira en AL HUESO
19 de septiembre, por 50 años del golpe — Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, La Noche de los Lápices, Jorge Julio López, Triple A, Concentración Nacional Universitaria (CNU), A 50 años del Golpe, Al Hueso, Comités junto a Myriam Bregman, Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, La Noche de los Lápices, Jorge Julio López, Triple A, Concentración Nacional Universitaria (CNU), A 50 años del Golpe, Al Hueso, Comités junto a Myriam Bregman
En una nueva entrega de Al Hueso, conversamos sobre el golpe genocida del 76 y la “Noche de los Lápices” con Carlos "Titín" Moreira, dirigente nacional del PTS y militante setentista.
A 50 años del golpe genocida, analizamos el proceso revolucionario que abrió el Cordobazo, las huelgas del '75 contra el Plan Rodrigo, el accionar de las bandas para estatales, fascistas como la Triple A y la CNU y los motivos por los cuales la dictadura cívico-militar se ensañó particularmente con la juventud trabajadora y estudiantil.
Además, recordamos “el ‘75 platense” y la unidad trabajadora-estudiantil, la “Noche de los Lápices” y a 20 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, el rol de Myriam Bregman en los juicios por crímenes de lesa humanidad y los desafíos de la juventud frente al gobierno de Javier Milei.
Sumario sin secreto: Que no hable de derechos humanos quien no buscó a Jorge Julio López
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Presupuesto 2027: plata para la SIDE, ajuste para universidades, ciencia y discapacidad
19 de septiembre, por Prioridades del gobierno — Edición Argentina, Libertades Democráticas, Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Presupuesto 2027, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), Presupuesto 2027
El proyecto de Presupuesto 2027 presentado por el Gobierno de Javier Milei profundiza el ajuste. Mientras las universidades, la ciencia y políticas sociales quedan por debajo de los niveles de 2023 en términos reales, la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) contará con recursos reales 44,8% superiores a los de aquel año. A esto se suma el intento de eliminar la actualización automática de la AUH y modificar aspectos centrales del régimen de discapacidad.
El Gobierno de Javier Milei presentó ante el Congreso el proyecto de Presupuesto 2027, que proyecta un crecimiento de la economía del 4% y una inflación interanual del 18%. Las partidas incluidas en el proyecto permiten identificar cuáles son las áreas que recuperan recursos y cuáles continúan por debajo de los niveles de 2023.
Uno de los datos que más contrasta con el discurso oficial de austeridad aparece en los fondos destinados a inteligencia. Según un análisis del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), la SIDE tendría en 2027 recursos reales 44,8% superiores a los de 2023.
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El incremento contrasta con la evolución de áreas como educación, ciencia, vivienda, discapacidad y asistencia social. Según distintos análisis presupuestarios, el financiamiento universitario quedaría por debajo de los niveles de 2023 y también se reducirían en términos reales los recursos destinados a becas, infraestructura y formación docente. En ciencia y tecnología, el presupuesto proyectado implicaría una caída cercana al 38% respecto de 2023.
El ajuste también alcanza a la protección social: el proyecto propone eliminar la actualización automática de las asignaciones familiares, incluida la AUH, y modificar aspectos centrales del régimen de emergencia en discapacidad, con cambios en pensiones y prestaciones.
Un presupuesto que vuelve a poner en discusión las prioridades
Hay un área que no parece conocer la lógica del ajuste: la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). El proyecto le asigna $181.472 millones para 2027, un 87% más que el presupuesto con el que había comenzado 2026. Y el aumento no empieza ahora: durante este año el Gobierno ya reforzó sus recursos en casi $80.000 millones mediante dos DNU. Parte de estos fondos corresponde a gastos reservados, cuyo destino no se hace público.
Mientras universidades, ciencia, educación y políticas sociales enfrentan restricciones presupuestarias, la estructura de inteligencia recibe sucesivos refuerzos y mayores recursos. Incluso la normativa vigente otorga a la SIDE amplias facultades de administración y control sobre las partidas de sus organismos y establece partidas para misiones previstas y también para aquellas que el Gobierno considere urgentes.
El debate en el Congreso deberá definir el texto definitivo. Pero los números del proyecto ya muestran una discusión de fondo: qué áreas recuperan los recursos perdidos durante los últimos años y cuáles quedan relegadas en nombre del equilibrio fiscal.
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Movilización en La Plata a 20 años de la desaparición de Jorge Julio López
18 de septiembre, por El Estado es responsable — Política, Edición Argentina, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Jorge Julio López, Impunidad, Política, Edición Argentina, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Provincia de Buenos Aires, Jorge Julio López, Impunidad
La Multisectorial de La Plata, Berisso y Ensenada que reúne a organismos de Derechos Humanos independientes, partidos de izquierda, agrupaciones estudiantiles, sociales y sindicales, marchó por las calles de la ciudad al cumplirse 20 años de la segunda desaparición de Julio López. Desde la movilización se remarcó la responsabilidad del Estado y se denunció la impunidad de ayer y de hoy.
20 años se cumplen este viernes desde aquel 18 de septiembre de 2006, cuando en medio del juicio contra el genocida Miguel Etchecolatz, Jorge Julio López no se presentó al momento de los alegatos. Desde entonces se encuentra desaparecido por segunda vez. La primera fue en la dictadura, por eso su testimonio fue tan importante durante el juicio, donde dejó en evidencia para siempre los delitos de lesa humanidad cometidos por Etchecolatz y la fuerza que comandaba. La segunda desaparición forzada fue en democracia, el día de los alegatos, y desde entonces continúa desaparecido.
La Multisectorial que se conformó en ese momento para exigir al Estado su aparición con vida, mantuvo en pie el reclamo durante cada año. Este viernes encabezó la movilización a 20 años sin Julio López y denunció que "pasan los gobiernos pero continúa la impunidad".
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Hoy se cumplen 20 años de aquella mañana en la que, en la ciudad de La Plata, esperábamos a Julio López para alegar en su nombre en el juicio contra Miguel Etchecolatz; nunca llegó: estaba desaparecido por segunda vez.
Con el mismo dolor, pero con la certeza de haber luchado… pic.twitter.com/areR3BO1Z1— Myriam Bregman (@myriambregman) September 18, 2026
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A López nunca lo buscaron en serio, los poderes del Estado miraron para otro lado o encubrieron
18 de septiembre, por Veinte años — Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Jorge Julio López, Myriam Bregman, Miguel Etchecolatz, Policía Bonaerense, Desaparecidos y desaparecidas, Desaparición forzada, Desaparición, Política, Edición Argentina, Libertades Democráticas, Jorge Julio López, Myriam Bregman, Miguel Etchecolatz, Policía Bonaerense, Desaparecidos y desaparecidas, Desaparición forzada, Desaparición
La autora, abogada del testigo desaparecido el 18 de septiembre de 2006 y actual diputada del PTS-Frente de Izquierda, recuerda el juicio contra Miguel Etchecolatz y denuncia la impunidad garantizada por el Estado desde el primer momento de la desaparición.
Se cumplen veinte años de aquel 18 de septiembre en el que esperábamos a Julio López para alegar en su nombre, en el primer juicio de lesa humanidad desde la anulación de las leyes de impunidad.
Julio era un testigo importantísimo en el juicio contra Miguel Osvaldo Etchecolatz. Pudo reconstruir su relato gracias a esas anotaciones, junto con compañeras como Nilda Eloy, también sobreviviente.
El día de los alegatos, cuando Julio no llegó, se hizo evidente que algo había ocurrido. A las pocas horas, nuestra compañera Adriana Calvo fue la primera que pudo ponerlo en palabras: “Julio está desaparecido”. En ese momento comenzó la pelea por saber qué pasó con él, con una respuesta popular enorme en las calles.
Si el objetivo fue frenar los juicios y hacer crecer el temor de los sobrevivientes y los testigos, no lo consiguieron. Un día después, Etchecolatz fue condenado por delitos de lesa humanidad en el marco de un genocidio.
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A López nunca lo buscaron en serio. Los distintos poderes del Estado miraron para otro lado o directamente encubrieron. El Poder Judicial siguió todas las pistas falsas que se le presentaron: videntes, testigos que vieron brujas volando y otras mentiras insólitas. A la Policía Bonaerense nunca se la investigó.
Nos quedó un dolor enorme por todo lo que atravesamos y por no haber podido encontrar a Julio. Pero sabemos que dimos una lucha necesaria porque logramos que los juicios no se paralicen y que los genocidas vayan a la cárcel.
Seguiremos luchando por Memoria, Verdad y Justicia, por Julio López y lxs 30.000 detenidxs desaparecidxs.
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Que no hable de derechos humanos quien no buscó a Jorge Julio López
18 de septiembre, por Sumario sin secreto — Política, Edición Argentina, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Genocidio, Jorge Julio López, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Myriam Bregman, Miguel Etchecolatz, Policía Bonaerense, Desaparecidos y desaparecidas, Desaparición forzada, Felipe Solá, Sumario sin secreto, Política, Edición Argentina, La Plata, Berisso y Ensenada, Libertades Democráticas, Genocidio, Jorge Julio López, Dictadura cívico-militar-eclesiástica, Myriam Bregman, Miguel Etchecolatz, Policía Bonaerense, Desaparecidos y desaparecidas, Desaparición forzada, Felipe Solá, Sumario sin secreto
Veinte años de la segunda desaparición forzada en La Plata del testigo que sentenció al genocida Etchecolatz. 7.305 días en los que cinco presidentes, cuatro gobernadores, jueces y fiscales garantizaron impunidad. Más allá de los discursos, el peronismo siempre privilegió el pacto de “gobernabilidad” con La Bonaerense. ¿Veinte años no es nada?
¿Dónde está Jorge Julio López? La pregunta duele y atraviesa como una daga la historia argentina reciente. Hoy se cumplen dos décadas desde que el albañil de La Plata, sobreviviente de la dictadura y testigo clave en el juicio contra Miguel Osvaldo Etchecolatz, salió de su casa y nunca más volvió.
Su caso se convirtió en muestra flagrante de la continuidad de prácticas represivas en “democracia” y del pacto de silencio entre todos los gobiernos y las estructuras de ese aparato especializado en someter al pueblo trabajador.
A López no se lo tragó la tierra ni lo abdujo alguna fuerza supranatural. A López lo secuestró una banda de criminales y lo hizo desaparecer. Una banda cuyos integrantes nunca dejaron de caminar libremente entre nosotros.
Fácticamente, es improbable que López esté vivo. Pero eso no eclipsa una definición política. Desde hace veinte años López está desaparecido. Y por segunda vez. Por eso el reclamo de aparición con vida no es poesía ni ilusión. Es un señalamiento al Estado en su conjunto, desde los agentes que actuaron en las sombras hasta quienes se negaron a encontrarlo.
A López se lo llevaron la mañana del 18 de septiembre de 2006 de Los Hornos, su barrio. Tenía 77 años. Al día siguiente se conocería la sentencia en el juicio a Etchecolatz por crímenes de lesa humanidad. Al sanguinario le dieron perpetua, pero esa desaparición fue un mensaje claro de los engranajes del genocidio que nunca fueron desmantelados.
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Dar testimonio en tiempos difíciles
En octubre de 1976 López fue secuestrado por primera vez. Estuvo detenido en la sección de Cuatrerismo de la Policía Bonaerense, en el Pozo de Arana y en las comisaría Quinta y Octava de La Plata. En Arana lo torturaron y amenazaron varias veces con matarlo. Y delante suyo fusilaron a Patricia Dell'Orto, Ambrosio De Marco y más personas. Antes de ser liberado, pasó más de dos años “blanqueado” en la Unidad 9.
En los años siguientes López hizo lo que los genocidas no querían. Él convirtió en coraje el terror que intentaron inocularle. Buscó y encontró a familias desesperadas a las que les contó en qué chupaderos vio a sus seres queridos. Pero, como les pasó a tantos sobrevivientes, no tardó en darse cuenta de que el Estado “democrático” no iba a hacer mucho por darle verdad y justicia.
Los años 80 y 90 fueron marcados por las leyes de Obediencia Debida y Punto final de Alfonsín y los indultos de Menem, un combo legal que garantizaba libertad total a todos los genocidas. López decidió no contar lo vivido. Ni siquiera a su familia. Pero también decidió no olvidar. Y así fue traduciendo, compulsivamente, potentes fragmentos de memoria en retazos de papel que escondió por años.
Pese a tanta impunidad, en julio de 1999 aceptó atestiguar en los llamados Juicios por la Verdad de La Plata. Curiosas instancias judiciales en las que se podían reconstruir hechos pero, por aquellas leyes vigentes, nadie podía ser condenado.
Con casi 70 años, el albañil jubilado contó por primera vez ante jueces y fiscales lo que sabía de los secuestros y desapariciones de Dell'Orto, De Marco y otros compañeros. Mencionó haber visto al mismísimo Ramón Camps y su segundo (Etchecolatz) en sesiones de tortura. Y ante cualquier duda ofrecía su piel como prueba indubitable del sistemático paso de la picana eléctrica.
Pese a todo, aquellos juicios sin condena sirvieron para descubrir centros de detención nunca revelados por el Estado y desenmascarar a represores que se mantenían camuflados. Tras esa declaración, López ganó confianza y empezó a intercambiar recuerdos e información con más sobrevivientes. Como Nilda Eloy y Adriana Calvo.
Cuando en junio de 2006 lo citaron nuevamente a declarar, tenía aún más coraje que siete años antes. Ahora existía la posibilidad real de que la basura de Etchecolatz fuera condenado. López sabía que la anulación de aquellas leyes e indultos, arrancada al Estado por la lucha popular, podía llevar a varios genocidas tras las rejas.
López sabía que su testimonio, en un juicio tan relevante, podía aportar mucho. Por eso cuando finalizó su testimonio se despidió diciendo “para toda cooperación que precisen, un servidor”.
López hasta sabía que quería ver a los ojos al mismo asesino serial que treinta años atrás lo verdugueaba mientras ordenaba subir el voltaje de la picana.
Lo que probablemente López no sabía es que, pese a los cambios jurídicos e institucionales, la maquinaria del terror seguía activa. Y que las desapariciones a manos del Estado no se habían terminado en 1983. Allí estaban casos como los de Andrés Núñez y Miguel Bru, también en La Plata.
Meses después de su segunda desaparición se descubriría algo que López tampoco supo. Probablemente desde mucho antes de su declaración testimonial, sus movimientos eran vigilados por serviles buchones de la Policía.
Tan activos estaban los genocidas que en la agenda secuestrada a Etchecolatz en el penal de Marcos Paz, donde cumplía su condena, figuraban contactos de personas jóvenes y grupos militantes de la impunidad como el Celtyv, fundado por la hoy vicepresidenta Victoria Villarruel.
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Veinte años no es nada
“Si no aparece cuanto antes, yo no sigo”, le dijo a este cronista, a mediados de octubre de 2006, una mujer a quien conocía desde hacía una década. Fue en un encuentro casual, en un colectivo rumbo a La Plata. Ella trabajaba en un histórico organismo de derechos humanos que, producto de las políticas de cooptación del gobierno de Néstor Kirchner, era casi una vocería de la Casa Rosada. La mujer es hija de desaparecidos. Si el Gobierno no encontraba a López, dijo, no podría seguir trabajando allí.
López llevaba un par de semanas “chupado” por segunda vez. El país estaba conmovido. Las marchas por su aparición se masificaban y la retórica derechohumanista del oficialismo se agrietaba. El tiempo corría y, con él, más se alejaban las chances de hallarlo con vida.
López no apareció. La mujer, sin embargo, siguió trabajando en aquel organismo histórico y, años después, se incorporó a un gobierno provincial como funcionaria en un ministerio. Su nombre no viene al caso, porque su recorrido forma parte de una trama más amplia. Muchas y muchos miembros de esa generación marcada por la desaparición de seres queridos, con el tiempo se convirtieron en ministros, secretarios y directores de poderes ejecutivos.
A la pregunta incómoda sobre qué hicieron y qué no por López, se suma la interpelación sobre los límites, las contradicciones y los silencios autoimpuestos cuando la “memoria” es convertida en “política de Estado”, pero de un Estado capitalista y represor por naturaleza.
En estos 7.305 días por la Casa Rosada pasaron Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei. En el mismo lapso temporal la Casa de Gobierno de La Plata albergó a Felipe Solá, a Daniel Scioli, a María Eugenia Vidal y a Axel Kicillof. En todos los casos, por acción y omisión, el encubrimiento de la segunda desaparición de López fue sistemático. Y nadie renunció por ello.
El pacto
El año pasado se estrenó López, el hombre que desapareció dos veces, documental dirigido por Jorge Leandro Colás. Allí hablan, entre otros, el hijo Rubén López, las abogadas Myriam Bregman y Guadalupe Godoy (que representaron a López en el juicio), el exjuez federal Carlos Rozanski, les periodistas Adriana Meyer, Luciana Rosende y Miguel Graziano y personajes más vidriosos como Felipe Solá y Alfredo Gascón (conocido abogado de ricos y poderosos).
“Mientras nosotras les llevábamos pistas serias, para esas pistas nunca había tiempo, siempre había que esperar, se tardaba meses en hacer un allanamiento. Pero venía una testigo que decía que tenía una amiga en Perú que por las noches ‘se convertía en pájaro', que voló sobre La Plata y lo avistó a Julio López; y a eso sí le dedicaban horas de allanamientos e investigación”, dice Bregman en el film. Y agrega: “Hoy puede sonar hasta risueño, pero en ese momento para nosotras era un dolor muy profundo, porque en nuestra cara nos estaban diciendo ‘esta causa va a quedar impune'”.
Desde el primer momento, la investigación a cargo del Estado fue una farsa. Durante 600 días la causa por “averiguación de paradero” estuvo en el fuero ordinario. Para las pesquisas, el juez Arnaldo Coraza se apoyaba en la Policía Bonaerense, la principal sospechosa. Fue la lucha tenaz de organizaciones independientes la que obligó a quitarles el expediente y trasladarlo al fuero federal recaratulado como “desaparición forzada”.
En el caso de los gobiernos nacional y bonaerense, en veinte años ninguna gestión movió un pelo para aportar información que permitiera saber qué hicieron con López, dónde está, quiénes fueron sus verdugos y quién encargó el crimen.
Lo único que ofrecieron es una “recompensa” a quien aporte información precisa. Sólo sirvió para incentivar denuncias falsas y pescado podrido. El incentivo monetario se fue actualizando (eso sí, menos que la inflación) y en junio pasado Kicillof lo tasó en entre cinco y diez millones de pesos.
Hubo ministros nacionales que minimizaron el crimen, sugiriendo que López podía estar “tomando el té con una tía”. Y hasta la SIDE de Antonio “Jaime” Stiuso montó un cerco telefónico alrededor de la familia del desaparecido para controlarla. Hubo cientos de amenazas a militantes de derechos humanos y la izquierda, todas desdeñadas por las autoridades.
Y hubo, a la vez, un fortalecimiento creciente de la misma Policía.
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En el documental de Colás, Felipe Solá habla con cinismo del rol de la Policía que él conducía. “Tuvimos un desvío desde las primeras horas vinculado a que la familia estaba convencida de que no era por ahí. Y la familia es muy importante opinando, sabe más que uno en muchas cosas. Y creo que (el desvío) también estuvo vinculado a la inexperiencia respecto de la desaparición de testigos en esa época”.
Solá fue el vicegobernador del hoy mileísta Carlos Ruckauf. La fórmula peronista ganó las elecciones en 1999, el mismo año en que López atestiguó en los Juicios por la Verdad. ¿De qué “inexperiencia” habla quien, además, terminó siendo uno de los responsables políticos de la masacre que en junio de 2002 se llevó las vidas de Maxi Kosteki y Darío Santillán?
“Con el pasar de los días y que no aparecía, se movilizaron las organizaciones de derechos humanos y arrancamos inmediatamente con la Policía la investigación, con el ministro (León) Arslanián”, afirma Solá. Y hace que se pregunta: “¿Qué riesgos empezaba a correr la democracia? ¿Cuánta gente más visible que Julio López podía desaparecer en esas condiciones? ¡Era todo una introducción a algo nuevo! Aquellos que secuestraban y asesinaban están de nuevo, están acá”.
Pero la historia lo desmiente. En rigor, a los pocos días de la desaparición Solá recibió a regañadientes en la Gobernación a referentes de derechos humanos que se habían movilizado junto a miles de vecinas y vecinos en medio de un diluvio. Acompañado de su gabinete, el Gobernador les preguntó qué querían. Adriana Calvo fue categórica: “Queremos la lista de los policías bonaerenses que cumplieron funciones en la dictadura militar y cuántos de ellos siguen en actividad”. Sobrador, el ministro Arslanián dijo que no serían más de treinta y pico. Días después, cuando entregó las listas, eran al menos 9.026.
El Gobierno se negó a actuar siquiera preventivamente contra esa masa de represores activos. “Está en juego la gobernabilidad de la provincia”, insistían. ¿Era una cuestión de “inexperiencia” o, en verdad, se trataba de una operación para encubrir el caso y no alterar a las tropas? Veinte años después, el cínico Solá dice que, para él, La Bonaerense no tuvo nada que ver.
En 2006 Marcelo Saín era jefe de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, creada un año antes. La fuerza había sido convocada para ayudar en la “investigación” del paradero de López. En el documental de 2025, Saín remarca hasta dónde se extendía el entramado. “Íbamos a desembocar en algún sector de La Bonaerense, retirados o en actividad, pero ahí nos puso un pie el juez Coraza. Creo que, en gran medida, fue a partir de sugerencias que habrá recibido de sectores del gobierno nacional y, particularmente, de sectores de la Policía Bonaerense”, concluyó
<script async src="//www.instagram.com/embed.js"></script>Que digan dónde está
El último 24 de Marzo, al cumplirse cincuenta años del golpe genocida, una de las consignas motoras con las que cientos de miles se movilizaron en todo el país también fue una interpelación directa a quienes tienen y tuvieron responsabilidades de Estado: “¡Que digan dónde están!”
Esa referencia a nuestras y nuestros 30 mil detenidos desaparecidos se podría replicar hoy, al cumplirse veinte años de la segunda desaparición del albañil de 77 años. Que digan dónde está López. El punto es a quiénes dirigir el reclamo.
En esa marcha del 24 de Marzo, camuflado entre la marea humana, estuvo el gobernador Axel Kicillof. El mismo que mantiene ese pacto y sigue empoderando a la Policía Bonaerense. El mismo que encubre hasta hoy a los efectivos que condujeron a la desaparición y muerte de Facundo Castro hace cinco años.
Unos meses antes de marchar a Plaza de Mayo, el mismo gobernador había homenajeado en La Plata a José Ignacio Rucci, uno de quienes más hizo por reclutar y armar a las bandas fascistas como la Triple A y la CNU. Previo al golpe de 1976, esas patotas asesinaron a miles de luchadoras y luchadores obreros y populares.
En aquel acto por Rucci también estuvo Julio Alak, quien en los 90 supo reclutar a viejos culatas de la CNU para su fuerza de choque municipal. Cuando desapareció López en 2006, Alak cargaba cuatro mandatos consecutivos como intendente de La Plata.
A Rubén López le costó reconocer la trama de impunidad. En los comienzos del caso, la desesperación por saber qué había pasado con su padre pudo impedirle distinguir quiénes se acercaban a ayudar y quienes a hacerle el “abrazo del oso”. Pero el paso del tiempo les dio la razón a quienes acusaban tempranamente el encubrimiento. A su manera, hoy también él lo reconoce.
“¿La Justicia? Bien, gracias. Con el fiscal Shapiro tenemos una buena relación, de fiscal a familiares de una víctima, pero con las críticas correspondientes. Él puede haber hecho muchas cosas y tener una habitación llena de papeles. Pero si sacás de ahí dos hojas que digan ‘esto pasó con López', es mucho. No las hay. ¿Son torpes o lo hacen a propósito? No lo sé…”, dice Rubén en López, el hombre que desapareció dos veces.
En el mismo documental, Bregman despeja toda duda: “En el Estado hay archivos, están los archivos de La Bonaerense, los de la Federal y de los servicios de inteligencia. La única puerta efectiva que se puede abrir es que se abran todos los archivos de lo que pasó en ese momento”. Lo que en veinte años ningún gobernante o juez se animó a hacer.
Jorge Julio López | Prensa documental López, el hombre que desapareció dos veces
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