Domingo 1ro de agosto de 2004

Los tiempos de una lucha. Parte 1

A continuación se transcriben algunos fragmentos, que aparecen entre comillas, del discurso de una trabajadora de “CONFECCIONES BRUKMAN” que brinda testimonio y fueron tomados como base para repensar este conflicto laboral de una forma diferente desde nuestra profesión, la de psicólogos. “...veníamos de 5 años de maltrato... no tenemos nada más que perder, algo hay que hacer. Los patrones decidieron no volver y ahí nos encontramos con un vacío... y ahora qué hacemos?, porque la medida de ocupar la fábrica era para que ellos reaccionaran...” Comencemos contextuando la relación: trabajadores-patrones dentro del capitalismo. En este régimen los patrones poseen los medios de producción y el producto del trabajo. Mientras que los trabajadores sólo cuentan con su fuerza de trabajo que venden obligadamente como una mercancía más, porque no tienen otra opción. El sistema capitalista naturaliza esta relación y no la concibe de otra manera. Nos encontramos, entonces, con una relación de desiguales. Los dueños de la fábrica con las máquinas, la materia prima y el producto terminado que convierten en bienes de cambio en una mercado que les permite ganar mucho dinero y acumularlo. Los trabajadores invierten su tiempo y potencial en producir (para el patrón) a cambio de un salario con el que apenas logran cubrir sus necesidades básicas, ganan poco y no acumulan nada, ya que el precio de venta que circula en el mercado por la fuerza de su trabajo es estipulado por el patrón. ¿Qué les sucede a los trabajadores de Brukman cuando la patronal abandona la fábrica? ¿A quien dirigir ahora su tiempo y su esfuerzo? ¿Para quién producir? Si la medida de ocupar la fábrica estaba dirigida para que la patronal reaccione. Desaparece el patrón y como efecto aparece el vacío. La ausencia se vivencia como un vacío que liga angustia. Vacío en los bolsillos, vacío en el plato de comida, el lugar del patrón vacío. La fábrica queda en silencio con las máquinas calladas.La gente sin palabras y sin representaciones que acudan al lugar del vacío. “...vecinos y estudiantes de la facultad estimularon lo que hacíamos con donaciones y comida... se juntó un fondo de huelga, salíamos con una cajita por el barrio y con vergüenza, ...comíamos en la fábrica y venían algunos de la familia, ...pero surgieron discusiones porque hay que pagar el alquiler, la luz y demás gastos y los estudiantes no siempre nos van a dar, entonces dijimos hay que vender...” Podemos pensar al vacío como el representante de un límite que paraliza y en consecuencia el sujeto cae en el perdiéndose o que la angustia y el temor actúen como motor y posibiliten un cambio de posición que rescate al sujeto de ese vacío. Los trabajadores optaron por la acción ocupando pacíficamente el edificio de la fábrica. Luego la unieron con la palabra y desde ese momento comenzó a circular, de boca en boca, por los vecinos de los alrededores y estudiantes de la facultad de psicología. La voz del conflicto llegó a los medios de comunicación y asambleas barriales tomando un carácter político-social de gran repercusión. Contar los hechos abre la posibilidad de un intercambio de ideas que alimenta un pensamiento diferente. Es el inicio de un proceso desalienante y del debilitamiento de los “fuertes lazos naturales” establecidos con el patrón. El vacío comienza a llenarse de palabras que llevan a la acción y los trabajadores dicen: hay que vender. Toman la palabra y modifican su posición. Ahora los obreros, desafiando un orden impuesto por el capitalismo, van a vender la mercadería que -casi naturalmente- es de los patrones. Con respecto a esto expresa “así tiramos abajo una puerta y fue la primera emoción ver la mercadería, que hasta entonces era intocable..., la gente venía a comprar y algunas compañeras miraban, pero hoy todos juntos estamos trabajando. Después, como lo que estaba en stock se estaba terminando, dijimos: ¿porqué no fabricamos?...” Primera emoción que pensamos como ejemplo de una forma de alienación: la que sufre un trabajador frente al producto de su trabajo. Emoción que los lleva a un reconocer y reconocerse en lo que hasta ese momento era intocable: su propia producción. Entre las miradas atónitas de algunos y la demanda del público lo intocable se va convirtiendo en un bien de cambio. Así comienzan a recuperar parte de la identidad de pertenecer a la clase obrera a medida que disminuye la enajenación. No son ni pretenden ser “los nuevos dueños de la fabrica” sino que se reafirman como trabajadores que ahora producen y venden el producto de su trabajo. Asimismo se fortalecen como grupo humano y los que en un principio miraban terminan uniéndose para trabajar todos juntos. Podemos pensar en este caso que, al modificarse la realidad psíquica el efecto provoca la modificación de la realidad y la vida cotidiana cambia. Como dijimos, los trabajadores fueron recuperando la palabra, el pensamiento y su identidad. El paso siguiente que resolvieron en asamblea democrática es comenzar a fabricar. Y porqué no? Si son los que más saben y de hecho lo vienen haciendo desde hace años. La diferencia es que ahora no hay un patrón que los dirija y los controle en la producción. Por lo tanto fue necesaria una reorganización diferente del trabajo en común. Patricia (Psicóloga del CeProDH) LIBERTAD A CASTELLS Y A TODOS LOS PRESOS POLITICOS DESPROCESAMIENTO A LOS LUCHADORES OBREROS Y POPULARES ANTE LA NUEVA AMENAZA POR PARTE DEL JUEZ PAEZ CASTAÑEDA DE DESALOJAR INMINENTEMENTE A LOS OBREROS DE CERAMICA ZANON, RODEEMOS DE SOLIDARIDAD A LOS TRABAJADORES Y DEFENDAMOS SU LUCHA