Sábado 31 de julio de 2004

El adiós a Darío Santillán

La sangre derramada no será negociada

Jueves a la mañana en la guardería que el MTD construyó en el barrio La Fe de Lanús. La llovizna y el cielo gris acompañaban el odio, la bronca, la desesperación de todos los que estábamos ahí, los pibes aun heridos, los rastros vivos de los aberrantes tratos en las comisarías de Avellaneda. En el medio del salón estaba el cuerpo de Darío. Pocas horas atrás, en la estación de Avellaneda mientras ayudaba a un compañero herido durante la represión del puente, un asesino de la bonaerense le pega un tiro por la espalda. Minutos después murió Darío, en la sangrienta tarde en que el gobierno del PJ, que venía anunciando mano dura, se cobró las vidas de dos jóvenes piqueteros. Maximiliano y Darío murieron luchando y son hermanos de Teresa Rodríguez, Víctor Choque, Aníbal Verón, de los muertos del 19 y el 20 de diciembre y tantos otros compañeros que dieron su vida peleando en las calles y rutas del país. La despedida de Darío se convirtió en un acto de lucha, donde el dolor era menos duro y menos terrible cuando cantábamos “la sangre derramada se reveló; ya van a ver, las balas que vos tiraste van a volver...” Las heridas están frescas y ni el olvido ni la impunidad las deben cerrar. En un solo grito hicimos un pacto de hierro: “A los muertos del pueblo los vamos a vengar”. Y la lucha es ya, ahora, por encarcelar a todos y cada uno de los asesinos de Darío y Maximiliano. CeProDH DENUNCIAS, TESTIGOS Y AMENAZAS Los abogados del CeProDH estuvimos presentes en Avellaneda apenas se sucedieron los sangrientos hechos del miércoles 26, realizando todas las acciones necesarias para que los detenidos sean liberados. Desde ese día nos pusimos a disposición de las organizaciones piqueteras, de los compañeros de Maximiliano y Darío y de todos los heridos. Creemos que la mejor manera de ejercer la defensa de los piqueteros es la conformación de una comisión de abogados unitaria, junto a todas las organizaciones de derechos humanos. El sábado 29 de junio en la UFI 11 (donde interviene el Fiscal González), junto a la Correpi y el Frente de HIJOS Gran Buenos Aires, acompañando a los testigos presenciales del asesinato de Darío. El martes 2 de julio, junto a Claudio Pandolfi, concurrimos a hacer la denuncia a la misma fiscalía con cuatros compañeros del MTR que habían sido baleados con balas de plomo por personal de civil (entre otros Carlos Leiva, actualmente prófugo) en la calle San Martín de Avellaneda. En estos días haremos las presentaciones de testigos del ataque a local de Izquierda Unida de Avellaneda. El jueves 4 de julio “Los organismos derechos humanos, como la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, la Correpi el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos, la Coordinadora Aníbal Verón, el Movimiento Teresa Rodríguez y el Colegio Público de Abogados de Lomas de Zamora hicieron una presentación ante la Cámara de Lomas de Zamora”, relata Página/12 del 05 de julio; se hizo presente también Ismael Jalil del Frente HIJOS Gran Buenos Aires. Dicha presentación, tuvo como objeto la denuncia y la exigencia de intervención directa en los numerosos casos de amenazas contra abogados de organizaciones de derechos humanos, militantes de movimientos piqueteros, comerciantes y testigos de la masacre del miércoles 26 de junio. El primero en ser amedrentado fue Claudio Pandolfi (Correpi). “ ‘Te van a matar como un perro, como a Santillán’, fue el mensaje que una voz amenazante dejó en el contestador automático del estudio del abogado” (Página/12, 02 de julio). A este hecho se agregan los llamados intimidatorios a la esposa de Sergio Kowalewski, el compañero que denunció con sus fotos cómo había asesinado Franchiotti a Darío Santillán en la estación de Avellaneda. No es casual que el miércoles 3 de julio, mientras se preparaba con un grupo de compañeros, Luis Barrios, de la Coordinadora de Unidad Barrial (CUBA), fuera baleado frente a un local de esa organización, luego de lo que tuvo que ser operado de urgencia en el hospital Evita de Lanus. La práctica de patotas parapoliciales incluye también visitas en autos a un local del MTR en horas de la noche, con personajes que intimidan y preguntan dónde están algunos de los dirigentes de la organización. No podemos permitir más estas prácticas que tienen antecedentes nefastos en nuestro país y que el reclamo de justicia y de cárcel a los asesinos de Maximiliano y Darío tenga como correlato los aprietes y las amenazas a los luchadores.